Israel asesina a cuatro palestinos y hiere a más de 600 en nuevas protestas en Gaza

Aitue Noticias
El Ejército israelí ha matado este  viernes 8 de junio a cuatro palestinos, entre ellos un menor, y ha herido a más de 600 en las protestas que se llevan a cabo en Gaza, junto a la frontera con Israel, por onceavo viernes consecutivo, de protestas del pueblo palestino.

 Desde que se iniciaron en Gaza las marchas por el derecho al retorno de los refugiados palestinos, el pasado 30 de marzo, han muerto 128 palestinos y miles han resultado heridos. Solo en las manifestaciones del 14 de mayo, soldados israelís mataron a 62 personas.

 En un comunicado, Al Qedra denunció que los soldados lanzan “bombas de gas” contra las ambulancias que tratan de asistir a los heridos en el este de la localidad de Jan Yunis, en el sur de Gaza

Haitham al Jamal, de 15 años, abatido cerca de Jan Yunis (sur de la Franja).

Todo estaba dispuesto a las dos de la tarde del viernes en Beit Hanún, en el extremo norte de Gaza, para un nuevo baño de sangre, como el que el 14 de mayo se saldó en toda la Franja con 62 muertos y un millar de heridos por disparos de los soldados israelíes. Unos 4.000 palestinos se habían concentrado a 700 metros del sistema de alambradas, vallas y terraplenes que marcan la divisoria con Israel. Apenas un millar de jóvenes se acercaron a menos de 200 metros de las posiciones de los francotiradores, cuyo despliegue había sido reforzado la víspera por el Ejército ante el temor a un asalto masivo a la frontera. El resto eran adultos y familias con niños que se protegían bajo unos entoldados de la amenaza real de más de 30 grados a la sombra con un porcentaje de humedad el 70%.

Las humaredas causadas por decenas de neumáticos ardiendo y cometas con colas incendiarias enmarcaban el paisaje de una batalla que se repite desde hace diez semanas en distintos puntos de la línea fronteriza entre Gaza e Israel, y que ha arrojado el balance más sangriento desde la guerra que hace cuatro años devastó el enclave costero palestino. El pasado 30 de marzo estallaron las llamadas Marchas del Retorno: la reivindicación del derecho de los palestinos a regresar a las casas y tierras que tuvieron que abandonar tras el nacimiento del Estado de Israel, hace ahora 70 años. Al menos 128 manifestantes han muerto y otros tres millares han resultado heridos por munición real en la protesta.

“Venimos cada semana para hacer llegar al mundo nuestra voluntad de acabar con el bloqueo de Gaza y de que se reconozca el derecho al retorno de los palestinos”, explicaba Samir Abu Nasser, de 37 años, profesor de Física en un instituto. Rodeado de compañeros de claustro, observaba con preocupación desde una prudente distancia el lanzamiento de granadas de gases lacrimógenos contra la primera línea de manifestantes, que intentaba alcanzar la valla de separación. “La mayoría de nuestros alumnos están allí”, señalaba sombrío las humaredas.

La caída de la tarde, que marca el momento de romper el ayuno del Ramadán, pareció disipar sus temores. Pese a las proclamas de los líderes de Hamás —el movimiento islamista que gobierna de Gaza desde hace 11 años— y las advertencias del Ejército israelí —que había arrojado la víspera octavillas advirtiendo del peligro de muerte que implicaba traspasar la frontera—, la protesta del último viernes del mes sagrado musulmán, en la que participaron unos 10.000 manifestantes, no figurará entre las más mortíferas de la reciente ola de marchas sobre la zona.

El Ministerio de Sanidad palestino contabilizó al menos cuatro muertos por disparos de los francotiradores,  entre los que figuraba Haitham al Jamal, de 15 años, abatido cerca de Jan Yunis (sur de la Franja).

También se registraron unos 600 heridos, de los que más de un centenar presentaban impacto de proyectil.

  DOS PERIODISTAS HERIDOS

Entre los heridos, se encuentran los periodistas Mohamed al Baba, quien  iba vestido con un chaleco antibalas con la inscripción Prensa bien visible.fotorreportero de la Agencia France Presse (AFP), que recibió un disparo en la pierna derecha, y un cámara de la televisón Al Aqsa (simpatizante del movimiento palestino islamista Hamás, que controla Gaza), según explicó el portavoz del Ministerio de Sanidad de Gaza, Ashraf al Qedra.

La enfermera Samahe Daher, de 28 años, y el técnico sanitario Mohamed Abu Kasher, de 25 años, se dirigían con sus batas blancas estampadas con la media luna roja al puesto de la ONG Sociedad Palestina de Asistencia Médica. Son los socorristas que atienden en primer lugar a los manifestantes heridos y los evacuan hasta las ambulancias. “No tenemos miedo, pero hace una semana murió de un disparo por la espalda nuestra compañera Razan Najar en la frontera de Jan Yunis”, respondían en plena concentración de Beit Hanún, al término del rezo del mediodía en las mezquitas.

La protesta recordaba la Naksa (derrota, en árabe), en el 51º aniversario de la guerra de los Seis Días que dio inicio a la ocupación de Gaza y Cisjordania, y el Día de Jerusalén, contra la anexión de Jerusalén Este aprobada por el Parlamento de Israel en 1980. Un portavoz del Ejército israelí acusó a manifestantes palestinos de haber abierto fuego contra sus tropas en el norte de la Franja de Gaza, así como del lanzamiento de granadas y artefactos explosivos contra la valla fronteriza, y de arrojar neumáticos ardiendo y cometas-bomba sobre sus posiciones. “Las tropas respondieron con medios antidisturbios y operaron de acuerdo con las reglas de enfrentamiento”, precisó el portavoz castrense, sin mencionar como en anteriores ocasiones el uso de fuego real.

En la jaima de los notables locales de Beit Hanún suscitó un cierto revuelo la presencia del diputado palestino por el distrito norte de Gaza Mushir al Masri, portavoz de Hamás en un Parlamento que lleva 12 años sin poder reunirse ante la división entre las facciones políticas. “Las protestas van a proseguir hasta que consigamos nuestros objetivos”, aseguró el parlamentario, pese a que las manifestaciones debían haber concluido el 15 de mayo y se prorrogaron hasta el último viernes de Ramadán.

Al Masri se mostró dispuesto a aceptar cualquier tipo de ayuda internacional para paliar la penuria económica del enclave, aunque se canalice sin la aprobación de la Autoridad Palestina. “Mahmud Abbas ya no nos ofrece confianza”, remachó el dirigente islamista. A su lado, el jeque y juez de paz Abu Jaled Hamdam, de 73 años, solo pensaba en regresar algún día a las tierras de Ashkelón (actual sur de Israel), de la que tuvo que salir con su familia siendo niño. “Si no vuelvo yo, lo harán mis hijos, mis nietos”.»

Mientras el gobierno de Sebastián Piñera está preocupado por propiciar las condiciones de aislamiento a Venezuela, para crear las condiciones de una intervención extranjera y desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro. Desde la Cancillería chilena, mantienen un silencio en relación al genocidio del pueblo palestino, a manos del Estado de Israel.

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La ola feministas que sacude Chile al trasluz de la historia del movimiento 

Aitue Noticias

Armando Romero

    <<El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente>>


Simone de Beauvoir.


 

 Es la madrugada del primero de enero de 1994, la Comandanta Ramona dirigió las filas insurgentes que tomaron la ciudad de San Cristóbal de las Casas, símbolo de la soberbia del poder. El fuego que alumbró esa noche no fue la de los fusiles, sino la de la luz que emanaba de los rostros cubiertos por el pasamontañas, el acto de fe, la creencia en cambiar todo, la vida al hilo, el ¡Ya Basta!que sacudió las conciencias de los pobladores de México… La insurrección con rostro de mujer, en un país donde el patriarcado es institucional.

En Chile una ola feministas sacude los cimientos del patriarcado, instalado el tema del machismo en la sociedad, a través de diferentes formas de protesta y tomas de universidades y colegios. 



“Las yeguas insurgentes”: feministas realizaron delirante intervención “artística”

        

 El feminismo ha dado lugar a muchas disciplinas hoy en día. La definición es amplia. Celia Amorós reconoce en su denominación la defensa por lo genéricamente humano desde todos los géneros posibles. Nancy Cott cita la invalidación de jerarquía de género.


Este movimiento es un ataque a la visión androcentrista y su origen se remonta a los tiempos de la Ilustración, que como Amalia Valcárcel dijo “Es el hijo no querido del mismo” porque se apega a los términos sobre igualdad y autonomía pero el movimiento en sí no fue feminista.


Desde aquella época podríamos hablar entonces de una incipiente fase en el movimiento, que muchos conocen como la polémica feminista, ya habiendo dado señales durante en preciosismo en la Edad Media.


Cabe destacar que la cronología sobre el feminismo tiene varias interpretaciones, esto se debe a que muchos actos pioneros, al ser pocos y muy diferenciados entre sí, no pueden considerarse como un movimiento propiamente dicho, lo que hace que muchos historiadores luntitledos engloben en una primera ola o los descarten, colocando los sucesos de la segunda en la primera.

 «Los sucesos “descartados” (ubicados antes de la Ilustración) han sido entonces agrupados también en lo que se conoce como protofeminismo, feminismo premoderno o memorial de agravios. Según Simone de Beauvoir la primera mujer feminista que defendió a las mujeres con la pluma fue Christine de Pizan en el siglo XV. El protofeminismo se destacó por la polémica en torno a la tradición europea del siglo XII donde la sociedad estamental sostenía ciertos roles de géneros justificados bajo creencias religiosas. Las mujeres participaron en hitos históricos muy importantes sin ser reconocidas.


Remontándonos a la época de la Ilustración, son pocos los filósofos y autores que reconocieron a la mujer. Rousseau fue un ejemplo de esto al incluirla en el concepto de estado liberal. John Stuart Mill, de igual manera, concediendo a ejemplos de su mismo sexo tal honor. Pero el suceso más destacable en manos de una mujer fue la obra “Vindicación de los derechos de la mujer” en 1792 por Mary Wollstonecraft.»

En el siglo XIX y XX la lucha feminista se centró en los derechos de propiedad, para obrar, derechos frente al matrimonio y políticos, como el voto; buscando explícitamente lograr las mismas posibilidades adjudicadas originalmente al hombre. 

En Estados Unidos  la Convención de Seneca Falls en 1848. En Inglaterra las suffragettes, lideradas por Emmeline Pankhurst. Ambas potencias llevaron el reclamo al activismo, logrando con el tiempo, otro de sus objetivos, la abolición de la esclavitud, lo que incluye en el movimiento a las mujeres negras. Esto último generó un nuevo conflicto, esta vez entre las mujeres, el cual fue la desigualdad que existía entre la capacidad de reclamo feminista entre las mujeres blancas de alta sociedad y las mujeres negras u obreras, creando una especia de subdivisión.


Luego de que ambas potencias aprobaran el sufragio femenino, en 1928 en Inglaterra (sin contar 1918 cuando solo se le permitía a las mujeres de más de 30 años y propietarias), y 1920 en Estados Unidos, los demás estados europeos y algunos países latinoamericanos siguieron los mismos pasos. La lucha feministas lograba de cierta forma un reconocimiento a sus derechos de igualdad.

Podemos distinguir fácilmente, una segunda ola a partir de 1960 hasta los ’90. Esta se conoció como “Movimiento de la Mujer o de la liberación de la mujer” centrándose en nuevos aspectos como la sexualidad, la familia, el trabajo, la reproducción, etc.


Una representante de está época fue Simone de Beauvoir con “El Segundo Sexo”.


Esta ola pretendía fundamentalmente llenar las lagunas que la ola anterior no había logrado acaparar, ya que no fue una forma sustantiva de modificar el rol de las mujeres. Por un lado, el sufragismo seguía contando con las propias limitaciones del liberalismo burgués, y por el otro, era una época de auge de las revoluciones socialistas, cuyas ideas de igualdad hacia el proletariado se consideran hoy en día teñidas de ideología patriarcal (Patriarcado: término que se refiere a la distribución desigual del poder entre el hombre y la mujer, donde ellos contarían con la preeminencia hegemónica en muchos aspectos como los derechos sexuales, políticos, civiles, etc.)

 La segunda ola se adjudicó la lucha de la libre sexualidad y el pleno goce del sexo por parte de la mujer. Se denuncia el comportamiento doméstico donde la mujer se ve obligada a adquirir el rol de crianza de los niños por su condición biológica reproductiva, y la obligación de los quehaceres domésticos.


En este período es donde se empieza a denotar aún más las ramas del feminismo, siendo más conocidas, la radical, la liberal y la socialista.

El feminismo radical es el que ha sido más duramente cuestionado, sostiene que la mayor contradicción social recae sobre el sexo. Propone una nueva organización social donde las comunidades vivan en parejas y amigos sin formalidades legales. Esta clase de feminismo se opone a casi todas las organizaciones, mandatos y leyes por considerarlas nacidas de un sistema patriarcal. En las últimas décadas el lesbianismo ha propulsado una forma más radical de feminismo, buscando la superioridad sobre el hombre.

 El feminismo socialista presenta ciertas coincidencia con el movimiento radical, enfocándose políticamente a profundizar la lucha contra el capitalismo, 

 

Una tercera ola comienza a surgir a partir de 1990. Se aplica nuevos matices al modelo femenino desarrollando divisiones que engloban las diferencias raciales, étnicas, sociales y económicas de las mujeres.

 Cuestiona los roles y conceptos asumidos por el viejo feminismo e incluye nuevas teorías como la queer o defensas hacia la sexualidad dejando abiertos debates en pos de la prostitución o la industria porno. En España surge una nueva variante más política y que busca desatar una masiva toma feminista. 

En Chile pareciera que el tema del feminismo, esta centrado en la intervención solamente de la mujer…

  

Feminismo…. Una palabra que al igual que política o religión es capaz de desatar todo tipo de repercusiones, debates y preguntas que no necesariamente deben considerarse inoportunas o indebidas en todos los casos. 


 En los últimos tiempos, el feminismo ha sido terreno de diversos debates y conflictos, creando bandos bien definidos y otros no tantos acerca del porqué el feminismo debe seguir siendo aplicado o sobre porqué no. Grupos que defienden el derecho de la mujer y continúan sosteniendo la supuesta supremacía del hombre, mientras que en la otra cara de la moneda nos encontramos con los mismos colectivos invirtiendo los géneros (hombre y mujer) que su lucha propone y significa. Con esto me refiero, a que ha quedado muy claro, especialmente en Internet, el nuevo cariz asumido por la actual ola del feminismo. Podremos hallar argumentos de lo más críticos e intermedios posibles hasta aquellos extremistas donde hombres y mujeres dirán que el feminismo es una farsa y un antónimo de la igualdad. Donde dirán que las antiguas olas tienen su debida justificación dejando en menester a la tercera. O que en los tiempos actuales ya no necesitamos del feminismo. Que se ha convertido en la forma femenina del machismo para lograr la hegemonía de la mujer, como una especia de venganza histórica. También, hay quienes sostiene que el feminismo se ha encargado, implícita o explícitamente, a ocultar o quitar la atención sobre las necesidades del hombre y los conflictos o injusticias que lo aquejan, los cuales pueden ser de igual índole al de las mujeres.

 No olvidemos que muchas veces nuestras creencias y principios pueden y deben ser cuestionadas, y muchos de esos huecos han de poder replantarnos lo que solíamos creer y defender.el-feminismo-busca-la-igualdad-entre-ambos-sexos. Lo que no debemos perder de vista, es que la lucha feminista nos es exclusiva de la mujer. Implica la participación de toda una sociedad.

A diario podemos ver mediante las redes sociales, comentarios y si un hombre se queja de algún posible defecto en el movimiento vaya a ser acusado de machista, y si hablamos de una mujer, traidora para con su sexo.  Un ejemplo es la foto del colectivo “yeguas subversivas”…que más allá de la libertad de disponer del cuerpo, termina desvirtuado la lucha  feminista. 

 Lo cierto es que el feminismo es un movimiento que ha sido duramente golpeado y galardonado por igual. Ha sido exponencialmente tergiversado y manipulado por donde se lo mire. Porque si vemos los resultados hoy en día tenemos de todo. Beneficios y perjuicios. Todo, claro está, porque depende de las manos que usaron al movimiento. El feminismo no es una diosa ni ninguna personificación, es una herramienta de lucha para ambos géneros que se ha utilizado bastante para defender principalmente a la mujer, pero no olvidemos que ha nacido fundamentalmente en manos del sexo femenino, aun sabiendo que también han existido hombres feministas. 

«”Porque varias mujeres hayan utilizado al feminismo como escudo y defensa en reiteradas ocasiones y que de ello haya sido fruto muchísimas falacias sobre el hombre e incluso el feminismo institucionalizado que ha dejado en desventaja al hombre frente a la ley (no siempre), no convierte a este movimiento es el sexismo de la New Age. 

Todos tenemos el derecho de expresar nuestra opinión, eso queda claro. Todo movimiento tiene sus defectos y fallas, y el feminismo como tal lo tuvo y lo sigue teniendo, pero no por ello se lo debe condenar en su totalidad. Si nos dedicaremos a criticar los estragos que produce hoy en día no podemos negar e ignorar que lo pretendido no ha sido cumplido en su totalidad aún. Estamos hablando de culturas y países, inclusive donde “feminismo” es una palabra que ni siquiera forma parte de su lenguaje cotidiano. Cuando vivimos en un país cuya cultura y forma de vida es relativamente civilizada, ya que crimen y horror hay en todos lados, es fácil creer que los horrores de los viejos tiempos ya no existen. Porque oír en las noticias sobre niñas que siguen sufriendo de ablación o países en guerra donde las violaciones son aún mayores, cuando oímos de la trata de personas o la prácticamente inexistencia de las mujeres en cargos importantes en países como los del Medio Oriente, sentimos que son solo eso, noticias. Porque siendo honestos, si bien muchos somos conscientes al respecto, no vivimos (en su mayoría) pensando en esto las 24 horas del día. Seguimos con nuestras vidas diarias y si vivimos en países donde el feminismo ha logrado con mayor eficacia sus logros, hablaremos desde la propia experiencia. Entonces cuando oigo a personas diciendo que el feminismo es historia vieja y que las feministas son mujeres victimarias y no viven en el ahora, pienso “¿En qué momento la mujer obtuvo el pleno poderío de todos sus derechos en todo el mundo?”. Y no por esto, significa que el hombre es el único culpable porque no todos los hombres del mundo son violentos, violadores, machistas, bestias y demás. La mujer sigue sufriendo violencia y desigualdad, es un hecho. ¿Quiénes son los culpables? ¿El hombre? Mi respuesta: no. ¿Algunos hombres, mujeres, culturas, religiones, estereotipos? Mi respuesta: Sí. No hace falta viajar a una cultura escondida a la vista para verlo. En las noticias de tu propio país oirás a diario sobre mujeres que sufren de violencia de género, esposas y novias asesinadas por celos o por acoso sexual. Y ni siquiera necesitamos de la violencia activa para nombrarlo. El hecho de que día a día veamos modelos semidesnudos es violencia de por sí. Tanto hombres como mujeres sufren el ideal del físico que debe ocupar determinadas medidas y proporciones, incluyendo ciertos estándares de belleza como la depilación. Sin embargo, este punto es fácilmente discutible porque si hablamos de la vida cotidiana o de las cifras en trastornos alimenticios podríamos afirmar que la mujer sufre mayor presión.”»

 «

No podemos hablar sobre generalidades sin cometer alguna injusticia. Es reconocible que existen grupos de feministas que realicen activismos exagerados y de tales características. Pero no todas las personas feministas ignoran los males que aquejan a la población masculina. Lo cierto es que cuando una lucha se centra en un determinado grupo, está tomando en su poder un determinado mal que no necesariamente está negando la existencia de otros solo por no mencionarlos o incluirlos en la lucha. Afirmar lo contraria sería como cometer una “argumento a silentio”. Caso distinto es cuando no encontramos ningún reclamo o lucha al respecto, pero no por esto debemos inculpar a los otros colectivos que luchan por lo suyo.»



 

El feminismo como un movimiento transversal de la sociedad, no necesariamente representa los mismos intereses y necesidades de las mujeres. En las Asambleas de las universidades en toma, no ha sido posible llegar a un consenso en sus demandas. En otros países occidentales la igualdad y libertad implica que las mujeres y los hombres sean absolutamente libres de decidir por sus vidas sin transgredir la libertad ajena. Y esto implica decisiones como el trabajo, el estudio, la ropa o el estilo de vida. El feminismo le ha dado un nuevo lugar a la gente transexual, homosexual, asexual o nominal. Es así, que la elección de gustos y talentos es totalmente ajena a los genitales y la producción de hormonas. Por otro lado, no es menester ignorar que muchos estudios sugieren que el cerebro femenino y masculino cuenta con ciertas diferencias. Muchas áreas de dedicación requieren más sensibilidad e implicaciones de ciertas zonas o hemisferios del cerebro. Pero esto no crea una división sine qua non entre el hombre y la mujer, y mucho menos tiene relación con la sexualidad, que de ser así, tampoco tendría que ser tema de repercusión. Si una mujer mecánica es lesbiana o un hombre bailarín de ballet fuera gay no debería ser esto tema de insulto. Nadie utiliza el término heterosexual con sentido peyorativo. Y el feminismo, busca exactamente evitar esto.


Tampoco, se busca crear un ideal de mujer y hombre perfecto, aunque es bien sabido que siempre se llega a ello. Si una mujer desea ser ama de casa por voluntad propia es defendible porque asumió su libertad. De hecho, el feminismo busca que las tareas del hogar sean renumeradas y revestidas con mayor prestigio social.


 «En el mundo, ningún país ha logrado eliminar la brecha de sueldos laborales entre hombres y mujeres. Según la OCDE, los países miembros reconocen un 17% de diferencia salarial, principalmente por causas discriminatorias. En esta categoría, se incluye las reservas de empleos malos y ocupacionales a las mujeres.»

En Chile no hay una cultura para debatir, sin caer en las descalificaciones y ataques personales…para los hombres pareciera estar vetado exponer sus críticas sobre el feminismo y está nueva ola de sucesos. Todavía no se ha logrado eliminar el estereotipo de la sexualidad donde un hombre es bien visto si tiene muchas amantes y una mujer no. Es decir, el tabú en torno al sexo por placer. Esto abarca todos los estereotipos posibles donde se definen las malas conductas como naturales en el hombre y, por ende, inevitables, como la falta de autocontrol, la lujuria, la violencia, la dominación, etc.


Ahora, por el otro lado, el hombre también sufre bajo, lo que muchas feministas aluden, el Patriarcado.


El patriarcado ha creado dos figuras: la mujer sumisa y el hombre “fuerte y dominante”. Como decía Menón a Sócrates “(…) la virtud del hombre consiste en estar en posición de administrar los negocios de su patria (…). El deber de una mujer consiste en gobernar bien su casa, vigilar todo lo interior, y estar sometida a su marido. (…)”.

 

«El modelo patriarcal, no afecta ni afectó solo la mujer, sino también al hombre. En sus tiempos de antaño, es reconocible que perjudicó en mayor proporción al sexo femenino, pero no dejó de lado al hombre, que debía tener “virtudes” como ser bueno en la batalla y siempre tener que cumplir con el rol de hombre fuerte que protege a la familia. Ni hablar de los patrones de comportamiento como llorar en público o expresar sentimientos.


Uno de los primeros estudios que se encargó de reconocer la violencia hacia el hombre fue “El Síndrome del Hombre Golpeado” dirigido por Suzanne K. Steinmetz en los ’70. En él se definieron los rasgos físico-psicológicos de las parejas que sufren violencia de pareja. Según la investigación, más del 20% de las amenazas de parejas provienen de mujeres. Supuestamente, el 93% de las parejas utilizan la violencia verbal y el 60% la física. La conclusión fue que la mujer tiene mucha tendencia a la violencia física también pero que se reprime o termina inclinándose por la violencia verbal, mientras que el hombre la supera en un 31% con agresiones como tomar a la mujer por la fuerza.»

 

 «Según la publicación “Aggresive Behaviour”, las mujeres denuncian más comúnmente y con mayor rapidez los ataques violentos, mientras que los hombres o no son tomados en serio o temen hacerlo por ser considerados homosexuales o poco hombres. En el caso de los homosexuales también se cumple ya que, por ejemplo, muchas denuncian de violaciones no se consideran por la falsa premisa de que tienden a tener fantasías sobre ser violados.»

En Chile no hay estadísticas de las agresiones hacia el hombre, causada por la mujer. Es más, las casas de acogidas solamente son para las madres y no hay programas para los hombres que son objeto de violencia familiar. 

« Gran parte de estos enfoques se centran en la diferencia de potencia física de un hombre, ya que un golpe de ellos no tiende a ser lo mismo que el de una mujer, pero esto no cualifica a nadie como digno de golpear a alguien.

 Desde la Antigua Persia y las Cruzadas, los hombres tendieron a sufrir de violaciones o castración como estrategia de tortura psicológica y física que busca desmoralizar al enemigo. Las leyes, sin embargo, siguen sin reconocerlo como crimen sexual, etiquetándolo de crimen de guerra o tortura. En las situaciones bélicas, además, como la Guerra de Kosovo, los niños y hombres ocupan la población que tiende a ser más diezmada. En gran parte, esto se debe a que el hombre es quien tendía a ser enviado a la guerra.


Estas cifras demuestran que el hombre también está en desventaja y sufre muchos males sociales. Al fin y al cabo, son tan humanos como las mujeres. Pero eso no significa que la mujer haya dejado de sufrir violencia de cualquier tipo. Según la ONU, el 50% de la población mundial femenina sigue sufriendo violencia y que el 70% de ella lo han sufrido alguna vez.»

 Porque un hombre o una mujer hayan abusado de su pareja no significa que todas las parejas son así o que todos los hombres o mujeres son así. Crear datos y darlos por hecho basándonos en una única prueba vivida por nosotros no nos vuelve aptos para crear posturas y atacar otras indefectiblemente.

 La lucha a favor y en contra del feminismo se ha vuelto en una guerra de sexos y una especia de competencia por ver quién es más víctima o menos, como si eso ayudara realmente a resolver los problemas.

 No olvidemos el feminismo es mucho más que sufragio y derecho al trabajo. No olvides que es la suma de las voces de todos los oprimidos y oprimidas que lucharon y de quienes no pudieron o todavía no pueden luchar. Sin lugar a dudas, es una lucha política de mujeres y hombres, para generar los cambios del modelo neoliberal vigente, del capitalismo salvaje depredador y que vulnera las libertades y derechos de igualdad.

 

 Por último, cuando hablamos de problemáticas sociales es sobre humanos, ser hombre o mujer no tiene nada que ver.

Chile: el movimiento feminista y la ofensiva hacia un paro nacional

AITUE NOTICIA

Armando Romero

El movimiento feminista hacia el paro nacional

Santiago de Chile, este miércoles 6 de junio una nueva marcha recorrió la vereda sur de la Alameda, en forma ordenada unos 15 mil manifestantes respondieron a la convocatoria de la CONFEU, las organizaciones estudiantiles y grupos feministas marcharon por el término de la educación sexista. 

  La vocera de la Coordinadora Feminista Universitaria (Confeu), Amanda Mitrovic, señaló a la prensa que “no esperábamos mucho de la Cuenta Pública, sabíamos que no iban a haber anuncios importantes. Creemos que el Presidente nuevamente no se está haciendo cargo de nuestras demandas y no está nombrando la educación no sexista”. Por su parte la vocera de la cones, la militante de la juventudes comunistas, Amanda Opazo declaró en conferencia de prensa, que a los secundarios no han sido escuchado en las demandas por un educación no sexista.

Los medios de prensa dieron una como a sido habitual en las movilizaciones feministas, una amplia cobertura informativa, destacando el orden de la manifestación, que recorrió la principal avenida de la capital, con sus cánticos y pancartas alusivas a sus demandas. 

Amanda Mitrovic estudiante de la Universidad de Santiago, se ha transformada en uno de los rostros mediático del movimiento feminista universitario. 

Estudio en el  colegio comunista, Latinoamericano de Integración, donde fue formada en los valores de la integración social.

 “Me enseñaron desde pequeña sobre empatia y a relacionarnos como seres que trabajan de manera colectiva. Es desde la educación que se construye sujetos sociales.”

Amanda más allá de su simpatía con el PC, manifiesta su crítica a la izquierda. “Mucha gente de izquierda habla mucho de violaciones de los derechos humanos, sobre todo por el miedo de lo que pasó en dictadura, pero muy pocos hablan de violencias de género. Como estudio historia entiendo que tiene que ver con algo contextuad en dictadura nos mataban a todos: hombres, mujeres, niños, pero hoy la situación es distinta, hoy los desafíos son otros. ”

En relación a su militancia feministas señala: “Todas las mujeres hemos vivido de alguna u otra forma algo que nos hace feministas. Nunca he sido abusada ni violada, pero mis amigas sí y darme cuenta de eso fue brígido. A parte de eso, las clásicas relaciones amorosas que tienen algún carácter violento son demasiado comunes y es imposible negarlo. ” En sus últimas declaraciones a dejado entrever una crítica a los partidos políticos de izquierda, desde la CONFEU se ha impulsado las tomas feministas, las movilizaciones, una convocatoria a paro nacional y desde otras organizaciones feministas, se está planteando la toma en las poblaciones y profundizar al movimiento.

La vocera de la CONFEU Amanda Mitrovic, profundiza en relación al movimiento feminista. “Esta ola no se da desde la elite ni desde lo teórico. Fuimos sufriendo y acumulando pena y violencia, de repente ya no pudimos más. El año pasado vivimos fuerte el movimiento de #NiUnaMenos por la rabia, pena y el amor que sentimos hacia las compañeras que están matando. 

Por eso digo que para mi el feminismo tiene una rama teórica importante, hay que leer y todo pero hay gente que no ha tomado jamás un libro y es ser súper feminista. El feminismo lo sentimos en el cuerpo. El feminismo nace desde la guata desde el corazón, desde las vivencias de cada una, desde las experiencias colectivas como mujeres.”

En relación a su propia historia señala: “Llevo tres años trabajando la temática de género en la universidad y siempre hemos sido super invisibilizadas, nadie nos quería financiar los viajes, nadie nos pescaba.” Afirma que desde las últimas movilizaciones, todo esto a comenzado a cambiar y se esperan general los cambios en está sociedad de patriarcado.

 Nuestra lucha es la de todas las mujeres. He escuchado varias veces que esta movilización comenzó hace unas semanas, eso no es cierto. Esta movilización comenzó con la conformación de las vocalías y secretarías de género de las universidades que todas más o menos surgen el 2010. Ese es el espacio en que la gente se atreve a denunciar y a hablar de género. Lo que sucede este año y el pasado es la explosión de ese proceso. 

Amanda Mitrovic se refiere al surgimiento de las Asambleas de Mujeres : “En mi primer año en la universidad fui encargada de género y en ese tiempo, aparecieron las denuncias contra Ortega y Samaniego, dos profesores de historia. Al año siguiente hicimos una movilización potente contra Ortega y Samaniego, nos tomamos la Facultad de Humanidades. El 2018 lo que movilizó a la Usach fue un caso de violación, cinco compañeros de la carrera de estudios internacionales abusaron de una compañera de historia al interior de la Universidad. 

El hecho fue el 2016 pero la denuncia la hicimos este año. Ni siquiera dentro de la universidad estamos seguras, ni siquiera con nuestros compañeros estamos seguras eso articuló la formación de asambleas de mujeres.

En relación a las demandas feministas, la vocera de CONFEU comenta: “Lo de los petitorios ha sido bien complicado porque hay varias demandas a nivel interno de las universidades. Crear un petitorio nacional es comple jo e incluso tenemos la duda de si es necesario. Nos estamos reuniendo para decidir qué vamos a hacer. Pienso que tal vez más que petitorio único, necesitamos líneas de trabajo. “
“Queremos mover toda esta energía colectiva hacia un lugar productivo en que logremos cosas concretas. No nos quedaremos solo en fuñas tomas y paralizaciones. Necesitamos enfocar todo esto hacia cambios específicos. Por el momento, seguiremos movilizadas y radicalizando el movimiento, de a poco, todas las universidades estarán en toma.”

Mitrovic se refiere a la experiencia acumulada; “No queremos hacer lo que nuestras antecesoras del movimiento feminista han realizado, no queremos elitizar el feminismo. Por eso hay universidades que están haciendo trabajo territorial, en las poblaciones. Queremos trabajar con las compañeras inmigrantes con las mujeres indígenas y con las abuelas jubiladas que nadie escucha.” Al interior de las tomas feministas, hay diferentes posiciones e historias colectivas, con sus contradicciones e identidades sociales, políticas y de pertenencia.  

Amanda Mitrovic profundiza desde su propia experiencia: “Ser feminista hoy es también luchar contra el modelo capitalista que oprime. El patriarcado se sostiene en este modelo. Ser universitarias es un privilegio y lo sabemos.  Es otra forma de hacer política, están surgiendo nuevas formas y espacios nuevos como las asambleas de mujeres que no pertenecen a la Confeu. Queremos dejar de hacer política como hombres y no necesitamos estar todas en un mismo espacio, pero sí tenemos que remar hacia el mismo lado. Por eso somos muchas las voceras y muchas las que estamos hablando del mismo tema. En las movilizaciones del 2011 todos hablaban de Camila Vallejos o Giorgio Jackson, hoy nos interesa mostrar que somos muchas, diversas y con objetivos comunes. “

Hace referencia a la la toma de la Universidad Diego Portales (Udp) son 13 voceras, que actúan baja la diversidad de sus problemáticas y demandas.

“En la Confeu creemos en la autonomía de los espacios. Entendemos que haya tomas como las de la Universidad de Chile que es separatista porque están llenos de casos de abuso y acoso que te hace desconfiar de todos.

 En el caso de la Usach no ha sido separatista pero sí hicimos una lista de personas que tenían denuncias de abuso y acoso que no pueden ingresar a la toma. Pero para cambiar esta sociedad los necesitamos a ellos también necesitamos hacerlos partícipes de que las cosas están mal. Los hombres tienen un rol fundamental porque también han sido violentados. ”

  “La verdad que han sido años muy duros para todas nosotras porque nadie nos apoyaba. Todo lo teníamos que hacer nosotras, las federaciones nunca nos apoyaron, la Confech menos. 

Ahora todos dicen que son feministas desde la derecha a la izquierda. La mujer y el hombre burgués se pueden sumar, pero el día en que se den cuenta que tienen privilegios. Algunos creen que con poner cuotas de género se acabó el patriarcado, pero ese es solo medio paso en un camino de tres mil kilómetros de cambio.”

La agenda pro-equidad de género del gobierno es insuficiente. La gran mayoría están en el campo legislativo y nosotros estamos enfocadas en un plano concreto en donde las mujeres son violentadas y vulneradas en sus derechos. También dejó fuera a muchas formas de ser mujer. Tampoco abordó la educación no sexista y solo se centró en las universidades públicas. Más del 85% de los alumnos de la educación superior estudian en espacios privados, ya sea en institutos profesionales o universidades, eso no puede quedar a la disposición de los dueños. En todo caso, hoy no tenemos nada que conversar con el gobierno. 

«La construcción del Estado es en sí es machista y ellos defienden esa estructura.» 

“Buscamos validar estos espacios con nuevas formas de hacer política, en donde si queremos llorar o marchar mostrando las pechugas, lo hagamos. Pero nuestro mayor desafío es ser estratégicas, los movimientos estudiantiles no han sido estratégicos. ”

“Estamos apuntando a destruir algo estructural y sistémico. Quiero una revolución tenemos que exigirlo todo. “No queremos hacer lo que nuestras ancestras, no queremos elitizar el feminismo” “Mucha gente de izquierda habla mucho de violaciones de los derechos humanos, sobre todo por el miedo de lo que pasó en dictadura, pero muy pocos hablan de violencias de género”

La denominada ola feministas, pareciese haber llegado para generar cambios estructurales en la sociedad, hay rostros mediáticos de mujeres profesionales, que tienen un natural espacio en los medios de comunicación. No es así la realidad de las mujeres de las poblaciones, aquellas que no tienen acceso a las universidades tradicionales, a los establecimientos educacionales emblemáticos. 

Las realidades de las mujeres trabajadoras obreras, donde sus derechos laborales son sistemáticamente vulnerados, donde el acoso laboral es una práctica habitual y que muchas veces no son denunciadas. Esas demandas obedecen a una realidad y que parece ser ignorada. 

México: élite del poder, conclusión de magnates y políticos       

AITUE NOTICIA

La corrupción en México donde lo político y el negocio van de la mano, el país del norte que ha sido escuela de formación política de exportación para América Latina.

 Mathieu Tourliere

El Consejo Mexicano de Negocios. Es la élite de la iniciativa privada que domina los distintos sectores económicos de México y que durante décadas ha salvaguardado sus intereses financiando campañas presidenciales, recurriendo al chantaje e impulsando cercos publicitarios a medios de información. 

  

Como “cúpula de cúpulas”, está regido por algunas reglas básicas que cimentan la confianza entre sus miembros: el ingreso de un nuevo integrante debe ser aceptado por unanimidad, la membresía se hereda, las reuniones y su contenido se llevan a cabo a puerta cerrada.


Y, quizás la principal, aunque no haya una postura partidista, todos comparten el mismo objetivo: concretar el proyecto neoliberal en México mediante pactos con el presidente de la República.


Sus refrescos, panes, tortillas, latas, medicamentos, cervezas y licores surten todas las tiendas del país. Controlan los principales espacios de distribución, tienen bancos y aseguradoras, manejan las telecomunicaciones y parte del contenido mediático, detentan las concesiones mineras más redituables, operan las principales empresas de transporte y producen la mayor parte del cemento, del acero y de la pintura.


Aunque sus integrantes se dejan ver cada vez más, aún no hay un registro público de su membresía. Mediante solicitudes de información a la Presidencia de la República y de búsquedas en terceras fuentes, Proceso identificó a por lo menos 52 miembros, entre ellos apenas tres mujeres.


Con excepción de Blanca Treviño de Vega, la primera mujer en ingresar al entonces llamado Consejo Mexicano de Hombres de Negocios –su nombre perdió la palabra “hombres” tras la integración de la regiomontana–, todos heredaron sus grupos o se beneficiaron de las privatizaciones, que el propio organismo –ahora llamado Consejo Mexicano de Negocios (CMN)– promovió durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.


Entre ellos destacan siete mexicanos que Forbes incluyó en su lista de multimillonarios globales de 2018: Carlos Slim Helú, Alberto Bailleres González, Emilio Azcárraga Jean, Germán Larrea Mota Velasco, María Asunción Aramburuzabala Larreguí, Roberto Hernández Ramírez y Juan Beckmann Vidal.


También lo forman nueve integrantes del “Grupo de los Diez” de Nuevo León: Armando Garza Sada, Rogelio Zambrano Lozano, Tomás González Sada, Sergio Gutiérrez Muguerza, José Antonio Fernández Carbajal, Eduardo Garza, Enrique Zambrano Benítez, Adrián Sada González y Eugenio Garza Herrera.


Acostumbrado a la discreción, el CMN suele expresarse mediante un único canal de comunicación: su presidente en turno, puesto ocupado actualmente por Alejandro Ramírez Magaña, dueño de Cinépolis.


De manera poco habitual, el jueves 3, el CMN publicó en varios periódicos un desplegado titulado “Así no”, en el que calificó de “injuriosas y calumniosas” las expresiones que empleó Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, cuando se refirió a la élite empresarial como “minoría rapaz”.


Élite del poder, colusión de magnates y políticos

PROYECTO NEOLIBERAL


La creación del CMN como grupo informal, en 1962, respondió a un interés urgente: impedir el desarrollo de la izquierda en México, apenas tres años después del triunfo de la Revolución Cubana, a la que el PRI de Adolfo López Mateos enviaba señales de solidaridad.


Para garantizar sus intereses, el CMN se valió de todo: varios de sus miembros financiaron las campañas de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo o Vicente Fox –aunque otros, como Juan Sánchez Navarro, denunciaron estas prácticas–, recurrieron al chantaje, fomentaron el boicot publicitario contra el periódico Excélsior de Julio Scherer, aplaudieron la represión de 1968 y orquestaron campañas sucias contra los candidatos de izquierda, ya fuera Cuauhtémoc Cárdenas o López Obrador.


El CMN impulsó la privatización de las empresas paraestatales y la disminución del gasto público, logró reducir los derechos laborales y contener los salarios y obtuvo la apertura de la economía a la inversión extranjera, como lo mostró la politóloga Marcela Briz Garizurieta en su tesis de doctorado El Consejo Mexicano de Hombres de Negocios en la transición hacia un nuevo modelo de desarrollo, presentada en mayo de 2006.


En los tiempos más decisivos para la élite del sector privado, el CMN colocó a uno de sus integrantes al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) –un órgano en el que el CMN tiene voz y voto, y del que Juan Sánchez Navarro, miembro del club, fue el primer presidente– y de la Asociación Mexicana de Banqueros, a las que utilizó para presionar al gobierno.


En 1986, por ejemplo, el empresario priista Claudio X. González, presidente del consejo de administración de Kimberly-Clark, utilizó su doble condición, como miembro del CMN y presidente del CCE, para presentar al entonces presidente Miguel de la Madrid una “propuesta” de política económica en 10 puntos para contener la inflación.


Fue precisamente durante el sexenio de De la Madrid que el CMN tomó fuerza –que culminó en el sexenio de su sucesor, Carlos Salinas de Gortari–: a raíz de la expropiación bancaria de 1982 “el (CMN) figuró como intermediario clave para recomponer las relaciones entre la administración de Miguel de la Madrid y el sector privado”, sostuvo la académica.


Empresarios y gobierno acordaron en 1987 el Pacto de Solidaridad Económica, en el que la élite del sector privado consiguió, a cambio de controlar sus precios, que el gobierno federal iniciara la privatización de las empresas paraestatales y abriera las puertas a los capitales extranjeros.


El CMN tenía entonces por interlocutor a Carlos Salinas de Gortari, el secretario de Programación y Presupuesto, afecto al proyecto neoliberal. Ya instalado en Los Pinos –con la ayuda financiera de varios integrantes del Consejo–, Salinas reprivatizó la banca y aceleró la venta de paraestatales.


Cada año desde 1996, el presidente en turno del CMN protagoniza un ritual público: tras realizar un breve análisis de la situación económica del país, anuncia el monto –en dólares– de las inversiones que los integrantes del exclusivo club realizarán el año siguiente. El presidente, en respuesta, agradece a los empresarios sus esfuerzos y presume el monto de la inversión como un logro de su administración.


Las reuniones que el CMN celebraba cada año con el titular del Ejecutivo solían llevarse a cabo a puerta cerrada, hasta que en enero de 2016 Peña decidió abrir en parte a la prensa una reunión en el exclusivo Club de Empresarios Bosques. Ello generó molestia en la cúpula empresarial y desde esa fecha las reuniones están marcadas por un protocolo rígido.


EN CADA ESQUINA


La herencia de los negocios familiares, así como la adquisición de bancos y empresas durante el periodo de privatización, instalaron a los integrantes actuales del CMN al frente de grupos que dominan los distintos sectores económicos del país.


Slim es dueño de las telecomunicaciones; Azcárraga controla la televisión abierta; Bailleres y Larrea, la minería –el segundo, con Grupo México, controla además el transporte ferroviario–; Ramírez Magaña posee la mayoría de las salas de cine, y Zambrano produce más de la mitad del cemento que se utiliza en el sector de la construcción del país.


José Antonio Fernández Carbajal y Juan Gallardo, presidentes de los consejos de administración de FEMSA y de la organización Cultiba, respectivamente, dominan el mercado mexicano de refrescos.


Eduardo Tricio Haro –presidente de Grupo Lala y Aeroméxico–, junto con Aramburuzabala y Valentín Díez Morodo, lideran los mercados de la leche y de la cerveza, mientras que el sector alimenticio del CMN también cuenta con los gigantes Bimbo y Herdez –dirigidos por las familias Servitje y Hernández-Pons Torres, respectivamente–, así como con Bachoco, el principal productor de pollo del país.


En el comercio minorista están Ricardo Martín Bringas, Antonio Chedraui Obeso o Carlos González Zabalegui, presidentes de los consejos de administración de Grupo Soriana, Chedraui y La Comer, respectivamente. Esos consorcios operan las cadenas de tiendas de autoservicio Soriana, Chedraui, La Comer, City Market y Mega, entre otras.


Por parte del sector bancario destacan Roberto Hernández Ramírez, el presidente de Grupo Financiero Banamex, quien se enriqueció vertiginosamente cuando se privatizó de la banca, así como Antonio del Valle Ruiz, quien vendió su grupo Bital a HSBC en 2002 y dirige actualmente la química Mexichem.


Si bien el Grupo Financiero BBVA Bancomer no está presidido por un integrante del CMN, en su consejo de administración se mezclan los intereses de algunos grupos del exclusivo club de empresarios: en él se encuentran Bailleres y Ramírez Magaña, así como Carlos Vicente Salazar Lomelín, quien hasta diciembre de 2017 fue director general de FEMSA.


Aunque la mayor parte de los grupos no tienen negocios al amparo directo del poder, algunos de ellos destacaron entre los grandes beneficiarios de contratos gubernamentales durante la administración de Peña Nieto.


Élite del poder, colusión de magnates y políticos


EL OPERADOR


Con el paso de las décadas creció la membresía del CMN: de seis fundadores llegó a 37 empresarios en 1989 y ahora lo integran por lo menos 52 personas. Veinte de los miembros –o sus herederos– de 1989 permanecen en el grupo y 32 se incorporaron después, lo que diluyó la cohesión y diversificó sus posturas, observó Briz en su tesis doctoral.


En el Consejo de Administración de Banamex, por ejemplo, ocho de los 15 consejeros pertenecen al CMN; en Grupo México se encuentran seis de sus miembros; en el de Grupo Televisa son cinco y el mismo número se encuentra en el grupo regiomontano Alfa.


El financiero Valentín Díez Morodo, presidente el Consejo de Administración de Grupo Modelo –comprado en 2015 por el gigante transnacional de origen holandés AB Inbev– es socio consejero de Kimberly-Clark, Banamex, Grupo KUO, Grupo DINE, Mexichem, todas presididas por miembros del CMN.


Claudio X. González Laporte, presidente de Kimberly-Clark de México y miembro de mayor antigüedad en el CMN, junto con Antonio del Valle Ruiz y Alberto Bailleres, se encuentra en los consejos de administración de los grupos de Slim –Carso, Inbursa y Sanborns–, de Armando Garza Sada –Grupo Alfa– y de Germán Larrea –Grupo México.


Desde su ingreso al club, en 1978, su estrategia no cambió: presente en los consejos de administración de los principales grupos, en las organizaciones empresariales –presidió el CMN y el CCE en tres ocasiones– y en las más altas esferas de la política, asumió el papel más protagónico en la defensa de los intereses de la élite.


Se convirtió en una de las voces más críticas contra López Obrador en las últimas dos décadas: en 2005 resultó el más firme promotor del desafuero al candidato y en octubre pasado apoyó abiertamente a José Antonio Meade Kuribreña, el candidato presidencial de la coalición encabezada por el PRI.


La generación rebelde de 1968 que cambio el mundo 

AITUE NOTICIA

 
Adolfo Gilly nació en Buenos Aires, Argentina, en 1928, naturalizado mexicano en 1982. Historiador e intelectual. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor de Historia y Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha escrito numerosos libros sobre la historia y la política de México y Latinoamérica.

  



1. Entre 1968 y 1969 parece haber llegado a maduración un largo ciclo de rebelión contra el orden mundial del capital, ciclo gestado en el seno de onda larga de expansión económica abierta en el curso de Segunda Guerra mundial.


Parece haber habido un momento cercano a una ruptura: una ruptura que no fue. En cambio sucedió, primero con diversas concesiones al estado rebelde de las sociedades y las naciones, después con la reestructuración global del capitalismo y del mercado mundial a partir de 1975, un restablecimiento del orden, según el feliz título del libro de Milan Simecka sobre el 68 en Praga.


Si esto es así, el 68 no fue un inicio, como queríamos creer —ce n’ est qu’ un début—, sino una culminación. Fue entonces, tal vez, el inicio de otra cosa: de un reordenamiento de las relaciones sociales en Occidente y de las relaciones políticas entre Occidente y el resto del mundo, que preludiaba la reestructuración del capital entre 1975 y 1989 y la nueva fase de la economía mundial del capital abierta a partir de 1990.


Si se quiere, podemos llamar a aquel ciclo una modernización de larga duración, aun a riesgo de que el término se diluya en la vastedad de la acepción que queremos darle, un ciclo en el cual las rebeliones —sociales, coloniales, democráticas, raciales, culturales, juveniles— forzaron cambios al orden establecido que sólo podían hacerse contra éste, en procesos de ruptura. Pero esos mismos cambios, una vez mitigadas las rupturas, se habrían revelado indispensables para disolver o abolir trabas arcaicas a una nueva fase de expansión del capital ya madurada en los conocimientos y en las tecnologías pero entonces no todavía en las relaciones de las sociedades. 


Para poder ser ese heraldo, el 68 habría sido también un punto de llegada, la culminación de un ciclo largo de cuestionamiento de las relaciones de dominación/subordinación en países clave de Occidente y entre estos países y el vasto segmento de humanidad que se dio en llamar Tercer Mundo.


Como culminación, como amenaza al orden establecido, como promesa de relaciones sociales impregnadas de nuevos valores humanos, así fue vivido el 68 por quienes lo hicieron y así quedó en la memoria histórica. Por eso prefiero llamarlo la ruptura en los bordes —la que no pudo ser— mientras el núcleo duro del orden resistió. Pero no intacto, ni tampoco incambiado.


En esta esquina peligrosa, una de aquellas donde la historia pudo haber dado un viraje diferente (si J. B. Priestley tenía razón en sus conjeturas teatrales sobre el tiempo), se combinaron, en el marco de una movilización de los estudiantes y los jóvenes que recorrió países y continentes: a) un asalto del trabajo al capital al menos en Francia, en Italia y en Argentina; b) una revolución por la independencia al menos en Vietnam y en Checoslovaquia; c) una movilización juvenil y social por la democracia al menos en México, en Checoslovaquia y en Polonia; d) una movilización contra la guerra y el racismo en Estados Unidos, y e) una eclosión de los cambios madurados en los años sesenta en las costumbres, las relaciones interpersonales y las culturas Juveniles en las ciudades del mundo, desde Berkeley, Nueva York, Berlín, Praga, Amsterdam, México, Madrid y ese país de ciudades que es Italia, hasta alcanzar en la ciudad universal, París, el nivel alto de los símbolos de época.


Los que salían a cuestionar el orden de ese mundo eran los hijos de la gran expansión económica de posguerra y, no hay que olvidarlo, cuando se lanzaban a intentar cambiar la vida una situación social de casi pleno empleo cuidaba sus espaldas, parecía protegerles su futuro y les daba libertad y energía de movimientos.


Lo que 1968 cambió nunca volvió a ser lo mismo. Los años 50, la verdadera década de plomo de un mundo agotado por la guerra, habían quedado atrás, junto con sus contrasimbólicas figuras: Joseph McCarthy, Stalin, Pío XII.


2. El 68 fue precedido y preparado por el derrumbe del antiguo orden colonial, particularmente en el continente africano. Si la independencia de la India (1948) y la victoria de la revolución china (1949) cierran los reajustes posteriores a la Segunda Guerra mundial, Argelia inicia en 1954 la larga marcha de la liberación de los países africanos y árabes, sin contar entonces con otro apoyo externo que el de los argelinos residentes en Francia. En ese mismo año, Dien Bien Phu marca la humillante derrota de uno de los mayores ejércitos coloniales de la época a manos de soldados y jefes militares vietnamitas. Nadie puede olvidar la fuerza del impacto combinado de estos acontecimientos en Francia y en Europa.


En 1956 la expropiación del Canal de Suez es otro de los hitos de la revolución colonial africana. En 1962, cuando Francia firma los acuerdos de Evian y reconoce la independencia argelina, la descolonización del continente, retrasada todavía en las colonias portuguesas y en el sur de Africa, en lo esencial se había cumplido.


Franz Fanon, en Les damnés de la terre, publicó en 1961 el manifiesto político-literario de esta liberación. El prólogo de Jean-Paul Sartre era una prenda de la alianza con lo que luego sería la nueva izquierda metropolitana. Es preciso, por eso, no olvidar que el retiro de las potencias coloniales tuvo lugar como resultado de una convergencia entre la revolución en las colonias, bajo direcciones con diferentes grados de radicalidad, y la resistencia de la juventud en las metrópolis a ser carne de cañón en las guerras coloniales. Esta combinación, muy clara en el caso argelino, se repitió años después, al fin del ciclo, con la revolución de los claveles en Portugal en 1974, así como se había presentado en Estados Unidos a partir de la intensificación de la intervención militar en Vietnam desde 1964.


3. Entre esos mismos años, la confrontación bélica entre Estados Unidos y la Unión Soviética tocó su punto culminante en la crisis de los cohetes. Fue precedida por la confrontación entre la Unión Soviética y las dos grandes potencias europeas, Gran Bretaña y Francia, en torno a la nacionalización del Canal de Suez. En ambos casos, ante los países de Occidente y los países del Tercer Mundo se presentaba una convergencia entre revoluciones nacionales —Egipto en un caso, Cuba en el otro— y el apoyo militar-nuclear de la Unión Soviética.


La crisis de los cohetes en octubre de 1962 fue, tal vez, el momento en que esa confrontación llegó a un punto intolerable. Entonces sospechamos, ahora sabemos por la conferencia de enero de 1992 en La Habana y otros testimonios y documentos, que en efecto fue sólo por azar, y no por ninguna otra razón, que la guerra nuclear no estalló en esos días. Si las tropas de Estados Unidos hubieran desembarcado en la isla -decisión que se discutió en Washington en la presunción errónea de que la orden de respuesta dependía de Moscú y no de La Habana-, desde Cuba habrían partido los cohetes nucleares hacia territorio de Estados Unidos y lo irreversible e irremediable habría sucedido.


Este instante intolerable de confrontación nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética todavía no ha sido explorado en toda su significación.


Pese a la diferencia entre la virtualidad de este conflicto no ocurrido y la materialidad de los conflictos bélicos en las fronteras -Vietnam, por ejemplo-, es posible afirmar que en la conciencia de las naciones y de sus sociedades aquella confrontación del fin del mundo -al borde literal del Armagedon- marcó más que ninguna otra el clima de la época. En ese clima maduró el 68.


Hubo en esa confrontación además un elemento imborrable: era la primera vez que ocurría en los bordes de la “fortaleza americana” y era también la primera vez que un pequeño país, una casi excolonia de Estados Unidos, se atrevía a alzar la mano armada con cohetes nucleares contra el territorio de la metrópoli imperial. Es el desafío que no le ha sido perdonado a Cuba y a su régimen. Cualquiera otra cosa ocurra o haga Cuba, las que recuerdan y piden venganza, como en el caso de Vietnam, son las visceras mismas del imperio, allí donde se aloja su memoria


Pasado ese instante al borde del fin del mundo, es posible discernir en los dos poderes mundiales de entonces un movimiento de repliegue mutuo tácita o explícitamente concertado, una especie de segundo Yalta innominado. Para 1964 los dos grandes protagonistas, junto con Fidel Castro, de la crisis de octubre, Kennedy y Jruschov, han sido separados del mando, uno asesinado, el otro destituido. Cada superpotencia parece dejar manos libres a la otra para poner orden en su propio campo. La Unión Soviética se adentra en su larga disputa con China, restablece el orden en Praga y Varsovia en 1968 y aumenta sus presiones para alinear a Cuba a su política. Estados Unidos no es ajeno a la devastadora contrarrevolución en Indonesia en 1965, ve con beneplácito la caída de Ben Bella en Argelia en junio de 1965, realiza una intervención militar directa en Santo Domingo ese mismo año, apoya a Israel en la guerra de los seis días en 1967, aumenta su escalada militar contra Vietnam y sostiene o promueve todas las operaciones de restablecimiento del orden en América Latina, desde Brasil en 1964 hasta Chile en 1973, sin relajar en momento alguno la presión sobre Cuba.


Pero es significativo señalar que no sólo las guerrillas africanas y latinoamericanas por un lado, y Vietnam por el otro, intentaron sin lograrlo zafarse de ese esquema bipolar de poderes. Cuba y Argelia, entre 1963 y 1965, acentuaron un acercamiento, en un intento de establecer una especie de minieje revolucionario que les permitiera por un lado escapar al segundo Yalta y por el otro evitar tomar partido y verse atrapados en la disputa chino-soviética. La visita de Ben Bella a La Habana en 1963 y el viaje del Che Guevara a Argelia en 1965 son las puntas visibles de este intento audaz y algo utópico, cerrado con la caída de Ben Bella en junio de ese año.


4. Entre 1956 en Suez y 1962 en Cuba estuvieron por romperse la paz de Yalta y el orden mundial sobre ella establecido. Entre esos años se ubicaron también, y no por acaso, los dos devastadores informes de Jruschov sobre Stalin y el stalinismo (XX y XXII Congresos del PCUS).


Pero entre esos años uno de los dos grandes guardianes de ese orden, la Unión Soviética, tuvo que enfrentar también un abierto desafío dentro de su sistema: Polonia, y sobre todo Hungría, en 1956. Particularmente en Hungría, una revolución nacional se articuló sobre los consejos de fábricas, la movilización de la juventud y de la sociedad entera y la rebeldía del gobierno (Imre Nagy) y de su ejército (Pal Maleter) contra la tutela soviética. Democracia política e independencia nacional eran los objetivos. Los tanques soviéticos restablecieron el antiguo orden.


Muchos años, es cierto, separan a 1968 de la revolución húngara. Pero no tantos como para no considerarla un antecedente, si se constata su continuidad con la primavera de Praga, donde la misma combinación apareció: un gobierno comunista democratizador rebelde, una rebelión de la juventud y de la nación y la aparición generalizada de consejos de fábrica.


Como en Hungría, como en Polonia, las fábricas fueron sujeto característico de la primavera de Praga, como lo fueron en el mayo francés, en el maggio rampante italiano y en la violenta marea de ocupaciones de fábrica en Argentina entre 1969 y 1970. Era un aire de época. Si el mundo ha cambiado, no por ello tienen que cambiar la memoria del cronista o la del historiador.


Checoslovaquia, el país más avanzado industrialmente de la Europa dominada por la Unión Soviética, buscaba, junto con la independencia y la democracia, la modernización y la ruptura con el clima de asfixia intelectual y tecnológica propio de la dominación burocrática. Cine y literatura habían sido, en los años 60, heraldos de esa primavera


Prevalecieron las razones de Estado, las razones de bloque (la doctrina brezneviana de la “soberanía limitada”) y las razones de Yalta Los tanques cerraron lo que habría podido ser la última tentativa para iniciar o desatar en lo que era el bloque soviético un cambio hacia la democracia, una modernización que no fuera al mismo tiempo un ingreso al capitalismo.


En Praga fue ahogada la ruptura en el Este, que ya estaba volviendo a tener ecos en Varsovia y en Budapest.


5. El mayo francés fue precedido, como bien se sabe, por diversos movimientos entre los trabajadores franceses. Ninguno de ellos permitía presagiar lo que mayo sería. Otro antecedente inmediato, esta vez internacional, preparó ese mayo: fue la ofensiva del Tet en Vietnam y la larga ocupación de la embajada de Estados Unidos en Saigón por los guerrilleros vietnamitas.


Nada me toca agregar aquí sobre lo que tanto se ha dicho y escrito, en particular en cuanto a la absoluta originalidad y creatividad del movimiento estudiantil y juvenil francés. Quiero sin embargo recordar, en el marco de esta visión de una ruptura que no llegó a ser, que la ocupación de las fábricas por diez millones de trabajadores con la bandera roja como emblema fue un acontecimiento sin precedentes en la historia francesa. Ambos movimientos plantearon en los hechos, sin poder ir más lejos, la visión de un mundo diferente no concebido como una utopía sino como una realidad alcanzable, al margen de los aparatos políticos y sindicales realmente existentes que en el 68, en todas partes, tuvieron que reacomodarse con retardo al ritmo de los acontecimientos, después de haber intentado resistirlos de frente, como fue el caso del Partido Comunista Francés.


Huelga general, fábricas ocupadas, banderas rojas en sus torres y barricadas estudiantiles en las calles eran un desafío en los límites. Es fácil constatar hoy que era inevitable el reflujo de la marea y el retorno de la normalidad. No era tan predecible ni visible cuando los hechos ocurrían y marcaban, de cualquier modo, un parteaguas político y cultural en el siglo.


6. Tal vez fue en Italia donde el movimiento hacia la ruptura en esos años caló más profundo en las estructuras sociales. Si es preciso buscar sus antecedentes, hay que remontarse a la huelga de los cien mil obreros de la Fiat en Turín a principios de 1962 y los combates callejeros de Piazza Statuto. El 68-69 italiano fue madurando en los conflictos de fábrica y en la elaboración teórica de algunas corrientes de la izquierda socialista, una de cuyas figuras precursoras fue en esos años Raniero Panzieri.


El proceso, ya influido fuertemente por el mayo francés, se generalizó y culminó en las movilizaciones estudiantiles de 1968 y, más todavía, en los movimientos de los trabajadores italianos, desde la Pirelli durante 1968 hasta las luchas internas en la Fiat desde fines de 1968 hasta mediados de 1969. En esas movilizaciones que recorren las fábricas y las ciudades italianas se disputa el control de los procesos productivos, se eligen delegados de departamento y comisiones de fábrica, se pone en cuestión el control sobre las empresas y la organización capitalista del trabajo y se transforman las estructuras sindicales tradicionales, en un principio reacias al movimiento y desbordadas por éste.


El movimiento culminó en el “otoño caliente” de 1969, verdadero asalto al comando del capital en los lugares de producción, del cual surgieron cambios duraderos en la relación entre capital y trabajo al nivel de la producción, de las leyes y de la cultura social. Así como el maggio rampante italiano fue largo y difuso, también lo fue el restablecimiento del orden que cubrió en Italia la década de los setentas -con sus múltiples turbulencias, entre ellas la marea alta del feminismo italiano- hasta la derrota de la Fiat en 1980.


El “otoño caliente” había llevado el desafío del trabajo al capital hasta los bordes de una ruptura. Dejó secuelas imborrables. Pero no fue más allá, porque en sus protagonistas sociales, lo mismo que en Francia, no había una idea clara -¿podía haberla?- de qué había, si es que algo había, más allá de esos bordes.


7. Creció en esos años en Estados Unidos el movimiento contra la guerra de Vietnam y el movimiento negro de liberación con sus diversas y a veces hasta opuestas figuras dirigentes y programas. Como en Francia, en Italia, en Alemania y en México, las universidades se movilizaron, hicieron huelgas, mítines, fiestas, se desbordaron sobre las ciudades, desafiaron las costumbres y la moral establecidas. Menos radical en sus contenidos de clase, el movimiento estadunidense lo era sin embargo en grado extremo en cuanto se negaba a apoyar y a participar en la guerra colonial contra Vietnam, saboteaba al ejército nacional y desafiaba en público sus órdenes de reclutamiento. Era un enorme movimiento anticolonial en la metrópoli, cuyos participantes, a diferencia de los franceses y los italianos, no cuestionaban el orden político-social establecido pero se alzaban en los hechos y en la acción contra uno de sus pilares: la guerra externa.


Como es bien sabido, esta disgregación del frente interno, sobre todo en la juventud, fue factor determinante en la derrota de Estados Unidos en Vietnam. Esa experiencia, dígase lo que se quiera, nunca ha sido borrada de la conciencia de esa nación. Fue parte de la gran crisis de Occidente en esos años finales de la década de los 60.


8. En este clima, inolvidable para quien lo vivió y, como siempre, difícilmente registrable en la letra impresa, se preparó la rebelión estudiantil y popular mexicana de 1968. Digo inolvidable porque la memoria registra lo que tal vez las crónicas no precisan: la enorme influencia que tuvieron los acontecimientos del mayo francés en la imaginación de los estudiantes mexicanos.


Las noticias y las imágenes de París parecían decir que todo era posible y que los estudiantes -ese sector tan móvil, impredecible e importante en las aún no bien consolidadas estructuras de clase de muchos países latinoamericanos- podían atreverse a cambiar el mundo. Esas imágenes se combinaban con el impacto duradero de la revolución cubana, encabezada en 1959 por una dirección que, engendrada en la Universidad de La Habana, había llegado al poder armas en mano y seguía resistiendo a la bête noire tradicional del nacionalismo mexicano: Estados Unidos.


El 68 mexicano comenzó, precisamente, cuando una manifestación juvenil para celebrar el aniversario del 26 de julio intentó entrar al Zócalo, la Plaza Mayor de la Ciudad de México, frente al Palacio Nacional y a la Catedral. Ese recinto estaba vedado a las manifestaciones. Querer invadirlo era un desafío. Los manifestantes pedían, además, derechos democráticos y libertad para los presos políticos, algunos encarcelados desde 1959 -nueve años- por haber encabezado una huelga ferroviaria, otros pertenecientes a diversas agrupaciones de izquierda apresados desde 1966 en adelante. La manifestación fue reprimida por el cuerpo de granaderos, armados de garrotes y protegidos bajo sus cascos y tras sus escudos. Tres días antes el mismo cuerpo había invadido los locales de una escuela vocacional y golpeado a los estudiantes. El gobierno declaraba que era preciso asegurar la “paz pública” en vísperas de la XIX Olimpiada que se iniciaría en México en octubre. Lo que hacía era preparar una gran matanza.


Los jóvenes manifestantes del 26 de julio, lejos de dispersarse, respondieron a la agresión. A partir de allí, recuerda hoy Carlos Monsiváis,


Es vertiginoso lo que ocurre en una sola noche: camiones quemados, corretizas, enfrentamientos mínimos y barricadas en el antiguo barrio universitario, cerco granaderil a la Preparatoria de San Ildefonso, allanamiento de los talleres en donde se imprimía el periódico del Partido Comunista Mexicano, en suma, las acciones incalificables del terrorismo de Estado. Al día siguiente, el jefe de policía Luis Cueto da nombres de algunos de los 76 detenidos y es vehemente. Lo sucedido corresponde a “un movimiento subversivo… que tiende a crear un ambiente de hostilidad para nuestro gobierno y nuestro país en vísperas de los Juegos de la XIX Olimpiada”. En la madrugada del 30 de julio, dos secciones de paracaidistas y un batallón de infantería, con tanques ligeros, jeeps con cañones de 101 milímetros y bazucas toman dos escuelas preparatorias y la Escuela Vocacional 5, no sin destruir a bazucazos una puerta de la Preparatoria de San Ildefonso.


Durante los meses de agosto y septiembre, el movimiento estudiantil por la libertad de los antiguos y los nuevos presos políticos se extiende y se intensifica. Los estudiantes de la Universidad Nacional y del Instituto Politécnico Nacional forman un Consejo Nacional de Huelga que asume la dirección del movimiento y se constituye por delegados, por escuelas y facultades elegidos en asambleas y responsables ante ellas. Los activistas estudiantiles recorren la ciudad, distribuyen volantes, realizan mítines relámpago y actos en los autobuses de pasajeros, se enfrentan con la policía simultáneamente en diversos puntos de la ciudad. Hay heridos y muertos, no se sabe cuántos porque la prensa totalmente controlada por el gobierno no informa y sólo los volantes y los rumores esparcen las noticias.


El rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, apoya públicamente al movimiento, encabeza una de las manifestaciones y lo cubre con la autoridad de su cargo. La Universidad como cuerpo se opone a la represión. Los estudiantes ocupan el Zócalo en una enorme manifestación el 27 de agosto, en medio del apoyo de la población de la ciudad, y luego se dirigen a la cárcel de Lecumberri a demandar a gritos la libertad de los presos. El 13 de septiembre otra gran manifestación recorre el centro de la ciudad. El gobierno responde enviando al ejército a ocupar el campus universitario. Las manifestaciones se suceden, apoyadas por la población. El número de presos políticos aumenta, a medida que ha ido creciendo el movimiento estudiantil cuyas principales demandas eran la libertad de los presos políticos, la destitución de los jefes policiacos responsables, la disolución del cuerpo de granaderos, la derogación de la legislación represiva y la indemnización a los familiares de los muertos y heridos en el movimiento.


Lo que se ha sintetizado hasta aquí no pasa de ser una movilización por derechos civiles y democráticos contra un gobierno autoritario y represivo y contra un partido de Estado que detenta el poder al menos desde 1929, cuarenta años antes. La respuesta final de ese poder respondió a sus visiones y obsesiones, propia de regímenes de partido único que se confunden a sí mismos con la nación y con el Estado, antes que a las amenazas o las intenciones del movimiento. Como haría el régimen chino veintiún años después en Tiananmen, el régimen mexicano cortó el movimiento estudiantil por la democracia con la masacre del 2 de octubre de 1968: entre 300 y 400 muertos, según las estimaciones atendibles, fue el resultado del ataque del ejército contra una manifestación de estudiantes reunida en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. La orden fue dada por el presidente Gustavo Díaz Ordaz.


La crueldad perversa de la decisión resulta más evidente si se recuerda que para entonces el movimiento estudiantil ya estaba en repliegue y que una negociación con algunas concesiones, que los estudiantes esperaban, habría concluido el movimiento y ahorrado la matanza. El régimen, sin embargo, no podía perdonar el desafío y quería hacer un escarmiento. Lo pagó muy caro.


El movimiento había durado 68 días y terminó dejando, además de los muertos, muchos cientos de presos políticos que empezarían a ser puestos en libertad apenas en el curso de 1971. El 7 de octubre se inauguraron los Juegos Olímpicos, bajo la orwelliana consigna oficial: “Todo es posible en la paz”. Quienes desde nuestras celdas en la cárcel de Lecumberri los pudimos seguir por televisión, vimos cómo dos atletas negros de Estados Unidos, al subir al podio después de alcanzar el primero y segundo lugar en una de las pruebas, saludaron al himno de su país alzando el puño con un guante negro, símbolo del Poder Negro de esos días; y cómo una gimnasta checoslovaca, al escuchar desde el mismo podio el himno soviético, bajó la cabeza y cruzó su pecho con el brazo en señal de duelo por la ocupación de su país.


La sociedad mexicana ha cambiado desde 1968 y, en diferentes niveles, normas democráticas y costumbres civiles se han extendido. Sin embargo, el mismo partido ha seguido sin interrupción gobernando al país y no es todavía el momento, veinticinco años después, en que acepte el principio de alternancia en el gobierno, es decir, en que el régimen político mexicano deje de identificar partido con gobierno, gobierno con Estado y Estado con nación. La democracia en México, por la cual se movilizaron y fueron reprimidos los estudiantes y los mexicanos de 1968, sigue siendo una aspiración pendiente.


9. ¿Hubo en 1968 y en sus prolegómenos aquí resumidos un peligro o una amenaza de ruptura del orden global existente? Vistas las cosas a un cuarto de siglo de distancia, la respuesta parecería ser negativa. Vividas en aquellos años por sus protagonistas, ciertamente estaban convencidos de lo contrario. Pero sin esa creencia ni el 68 habría llegado a ser lo que en realidad fue, ni tampoco ningún otro momento parecido de la historia.


¿Hubo en cambio lo que llamo una ruptura en los bordes, es decir, un desafío generalizado al orden mundial existente, el establecido después de Yalta, un desafío no deseado por ninguno de los signatarios de ese orden y promovido o protagonizado por quienes de ese orden y sus derivados estaban excluidos? Diría que sí y que cada 68 nacional, lo imaginaran o no sus protagonistas, era una síntesis específica, según las circunstancias y la politicidad propia del país dado, de ese desafío: desde el asalto obrero contra el capital y la rebelión colonial contra los imperios hasta las luchas por la democracia, contra la guerra, por nuevas sensibilidades, culturas y libertades, por la irrupción de la juventud y de las mujeres en espacios políticos y sociales controlados hasta entonces casi en exclusiva por los machos adultos.


Pero, viable o no, la amenaza de ruptura determinó cambios en el orden establecido, cambios que después se llamaron modernización o reestructuración. Sin la disputa del comando del capital en los lugares de producción, no se habría apresurado la introducción de las tecnologías microelectrónicas ni la reorganización de la producción ni los rápidos cambios en la empresa, el trabajo, el uso de la información -en una palabra, en toda la relación de capital. No fue la competencia entre capitales, como una visión de las apariencias podría indicar, sino la disputa límite entre trabajo y capital la que impulsó al inicio a éste a su radical y global reestructuración. Sobre ésta, la competencia por supuesto hizo su obra, y a fondo.


Del mismo modo, la confrontación militar contribuyó a acelerar la innovación tecnológica y la transformación del capital. Otro factor concomitante fue la crisis y la conclusión de la dominación colonial clásica junto con la emergencia de nuevas capas dirigentes en esos países, que redefinieron a través de las guerras de liberación la relación entre las naciones y la relación del capital de las metrópolis con los nuevos Estados nacionales.


Las movilizaciones por los derechos civiles y contra la discriminación racial en Estados Unidos crearon a su vez las condiciones para profundizar las relaciones capitalistas en el paraíso de esas relaciones, del mismo modo como la liberación de las costumbres amplió el reino de los intercambios de todo tipo en que el capital acelera sus latidos cuando otra forma de organización social no lo amenaza. Y por su parte las guerrillas de América Latina, hijas de la revolución cubana y también del 68, al final resultaron precursoras o promotoras, a un costado de lo que sus protagonistas querían, de la modernización de sociedades agrarias y de la democratización de Estados oligárquico-dictatoriales.


Si esto es así, la generación rebelde de 1968, como muchos sospechan, abrió las puertas para un mundo nuevo, pero no el que ella había soñado. No importa especular, creo, sobre el destino de aquella generación. De lo que se trata es de cómo su irrupción cambió a Occidente y de cómo los espacios que inauguró, pese a todo, no han vuelto a cerrarse para las nuevas generaciones, pese a los desafíos frustrados y los sueños no cumplidos. Si la realidad no se amplió demasiado, si fue aquélla la ruptura que allanó el camino para un nuevo orden opuesto al que soñaban, lo cierto es que el orden anterior no regresó y cambiaron los modos de imaginar y de proyectar el porvenir.


10. Alguien que joven ya no era, Ernesto Che Guevara -tocaba los 40 años de su edad-, se convirtió para la juventud estudiantil en emblema universal del sentimiento y de la ética de sus propios movimientos. En su alejamiento de Cuba y del poder para empezar otra vez a combatir desde la nada, en su no pertenencia a ningún país sino a todos, en sus gestos, en su vida y en su muerte, el Che Guevara parecía simbolizar el destino realizado de esos jóvenes que no querían sustituir a los poderes existentes, sino negarlos. Muerto en Bolivia el año anterior, su imagen apareció en todas las movilizaciones de 1968 casi como un programa de vida.


Para esa imaginación, el Che Guevara resultaba la encarnación del mito revolucionario tal como lo habían concebido Georges Sorel y José Carlos Mariátegui, a cuyas influencias Guevara mismo no era extraño. No importa aquí dilucidar si esa imagen correspondía a la realidad de sus ideas. Importa registrar que la simultaneidad de la figura del Che dando la vuelta al mundo resumía el espíritu del 68: veían en él la oposición al poder antes que la lucha por el poder. Si esto es defecto o virtud, o las dos cosas, no es cuestión para ser tratada en este escrito. Por otra parte, el Che no era anarquista, sino un hombre que renunciaba a un poder para él ya perdido en Cuba para intentar la conquista de otro todavía por ganar en Sudamérica. No lo logró.


El cenit de su carrera fulgurante había quedado atrás, en la crisis de octubre de 1962. Tenía Guevara la edad del Dante cuando éste, nel mezzo del cammin di nostra vita, inició su viaje a los Infiernos. Aunque él no lo supiera —nadie conoce, sino tarde o nunca, el apogeo de la propia vida—, la intuición de aquel punto culminante aparece en su carta de despedida a Fidel Castro.


Un escritor húngaro y judío de 24 años, Miklós Harazsti, recuperó en una poesía de 1969 la mirada irónica y rebelde con que su generación había visto el desafío y la muerte del guerrillero y había inventado al Che como el Mito-Imagen de la ruptura de 1968. Se titulaba Los errores del Che:


    1. Subjetivismo


    Como no conocía las leyes de la administración nunca pudo afirmar su popularidad sobre bases objetivas. Para acallar el rumor en los mítines informaba a las masas los secretos de los dirigentes


    2. Complicidad


    Estaba muy de acuerdo con los norteamericanos se tienen indicios seguros de que mantenía una complicidad objetiva con ellos. Por ejemplo quería tantos Vietnams y ni uno menos como los norteamericanos.


    3. Hipocresía


    Era un impostor ya que ni siquiera creía en la fuerza de sus propias ideas. Nunca cesaba de afirmar que no habrá y que no hay revolución si ninguno la hace.


    4. Izquierdismo


    Predicaba una moral del trabajo por el trabajo pero a decir verdad negaba obstinadamente que el reconocimiento de todos cuyo símbolo es el dinero nos estimule para actos heroicos.


    5. Aventurerismo


    Justo en la mitad de su carrera abandonó a su familia, una familia numerosa. Prefiriendo los gestos espectaculares a los honorables cargos de médico, banquero, ministro, al título venerable de ex combatiente.


    6. Revisionismo


    Se decía marxista pero curiosamente ignoraba lo que el humanismo comprueba desde hace dos mil años.

    A saber, que quien por las armas combate, por las armas morirá.


11. Se dice a veces que la generación de 1968 llegó al poder y en él está instalada. Si esto es verdad para algunos individuos, no lo es para muchos otros y tampoco para la generación, si contamos como tal a los millones que bajo incontables formas se movieron para intentar cambiar la realidad. El destino de una generación no se mide por los que se instalan en las cúspides, sino por los que, sin llegar a otra cosa que a realizar su vida, vivieron su juventud en coherencia con sus ideas, cuando la vida aún no tenía para ellos la fuerza material para amarrar sus fuerzas ideales.


Prefiero ver de otro modo a las generaciones y a los cambios. Prefiero enlazar la cadena de entregas y rupturas juveniles, generación tras generación, que en muchos duran junto con sus ideas hasta las altas edades de sus vidas. Prefiero unir la sucesión de generaciones que va desde los populistas rusos de los años ochenta del otro siglo; a la que sigue de los anarquistas, los socialistas y los sindicalistas revolucionarios al virar el siglo y en sus dos primeras décadas; a la sucesiva de los bolcheviques, los comunista, los rebeldes coloniales y las Brigadas Internacionales cuya juventud ardió en los años de fuego entre los veinte y los cuarenta del siglo XX; a su heredera, la primera generación del final de la guerra, la liberación y la posguerra, la que como el Che Guevara rondaba los veinte años en el 48; hasta la que hace un cuarto de siglo, en 1968, se metió también, como las otras, a cambiar la vida y el mundo a los veinte años de su propia edad.


Si así las vemos, divisaremos tal vez los contornos de un ciclo de rebeldía que cada vez se repite y se renueva, una sucesión de aventuras vitales individuales y colectivas que, cualquiera sea el destino posterior de cada uno, marcan hasta el final a quienes cuando jóvenes en esos ciclos se embarcaron.


Cada una de ellas vivió, a su modo y en su tiempo, el Mito de la Lucha Final, esa “ilusión muy antigua y muy moderna”, esa “estrella de todos los renacimientos”, como llamaba el peruano José Carlos Mariátegui, a la mitad de los años veinte, al mito recurrente que describió en su ensayo llamado, precisamente, La lucha final:


El mesiánico milenio no vendrá nunca. El hombre llega para partir de nuevo. No puede, sin embargo, prescindir de la creencia de que la nueva jornada es la jornada definitiva. Ninguna revolución prevé la revolución que vendrá, aunque en la entraña porte su germen (…).


El impulso vital del hombre responde a todas las interrogaciones de la vida antes que la investigación filosófica. El hombre iletrado no se preocupa de la relatividad de su mito. No le sería dable siquiera comprenderla. Pero generalmente encuentra, mejor que el literato y que el filósofo, su propio camino. Puesto que debe actuar, actúa. Puesto que debe creer, cree. Puesto que debe combatir, combate. Nada sabe de la relativa insignificancia de su esfuerzo en el tiempo y en el espacio. Su instinto lo desvía de la duda estéril. No ambiciona más que lo que puede y debe ambicionar todo hombre: cumplir bien su jornada.


Y como de los hombres, así de las generaciones.


México, DF/París, agosto-septiembre 1993.

Karl Marx: hoy su pensamiento está vigente en la lucha de clases de los pueblos

AITUE NOTICIA

A 200 años del nacimiento de Karl Marx, su natal Tréveris le rinde homenaje

  “A fines del siglo XIX, Buenos Aires se proyectaba como un centro urbano e industrial que empezaba a abrigar una incipiente clase obrera con niveles de politización muy importantes, atrayendo a intelectuales y dirigentes que empiezan a levantar la figura de Marx y a difundir sus escritos”, señaló el historiador argentino Camarero.


Karl Marx

“El Marx que empieza a circular es el que difunden los franceses emigrados. En 1871 fue la insurrección y la derrota de la Comuna de París y vino una oleada represiva que dispersó por el mundo muchos cuadros revolucionarios, algunos de los cuales vinieron a Buenos Aires. Es un Marx revolucionario que se asocia a la reflexión sobre la comuna y la insurrección”, agregó.


Luego llegaron al sur continental los alemanes, expulsados por las leyes antisocialistas de Bismarck, dentro de los cuales se destacó Germán Avé Lallemant, un naturalista que se convirtió en un gran difusor de la obra de Marx.


“Con el Club Vorwärts surge el primer núcleo ligado a la socialdemocracia alemana. Se conmemora en la Argentina  por primera vez el Primero de Mayo en 1890. En 1896 nace al Partido Socialista Obrero Argentino y surge la figura de Juan B. Justo, demostrando que el incipiente movimiento obrero y social atrae intelectuales y personalidades”, destaca Camarero, y recuerda que Justo fue el encargado de hacer una traducción al castellano de “El Capital”.


En 1918 se formó el Partido Socialista Internacional, que luego pasó a llamarse Partido Comunista. De esa manera, el filósofo de Tréveris “comienza a hacerse un punto de referencia ineludible para el pensamiento socialista y el mundo de las izquierdas a lo largo del siglo XX”.


Fue así como el autor de El Capital y del Manifiesto Comunista, quien definió que la  “historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, se convirtió en un punto de referencia en la convulsionada Latinoamérica que presenció multitud de revoluciones como la mexicana, la cubana y la nicaragüense, invasiones, golpes de Estado y dictaduras de todo tipo.


Sus estudios sobre la mercancía, el capital, la plusvalía, la acumulación originaria del capital, la tendencia descendente de la tasa de ganancia y las crisis capitalistas, fueron referencia obligada de economistas y pensadores sociales del continente durante todo el siglo pasado.


El otro aspecto que rescató el historiador argentino es que “Marx escribió y estudió al mismo tiempo que era un militante, que dedicó, con Federico Engels, mucho tiempo a la creación de la Primera Internacional”.


La cuestión es si, 200 años después, ese legado sigue vigente. Para Camarero “se viene hablando de la “crisis del marxismo” desde casi siempre, por lo menos desde fines del siglo XIX. Eso ocurrió otras veces en el siglo XX, pero se incrementó de manera notable en los años 90, con la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética”, comentó.

   Hernán Camarero, historiador y profesor de la Universidad de Buenos Aires,  la influencia de Carlos Marx en Suramérica. 

“Ese ‘fracaso del comunismo’ (en realidad, una total distorsión de éste, un sistema que había implantado un nuevo tipo de opresión y explotación) parecía el triunfo inevitable del capitalismo, el fin de la historia, al punto que un filósofo llegó a decir que desde el posmodernismo vigente parecía que podía hablarse del fin de la existencia humana, pero no del capitalismo”, apuntó Camarero.


Sin embargo, “el capitalismo tiene problemas muy serios, en un sentido más agravados aún que en su período de conformación o desarrollo inicial, con una dinámica muy destructiva”.  Algunos de esos problemas son el crecimiento de la desigualdad social y de la concentración de la riqueza, la amenaza cada vez más pronunciada sobre el medio ambiente, la total mercantilización de las relaciones sociales y personales, y “el despliegue de formas de alienación de una vida cotidiana completamente conquistada por pautas de consumo febriles y siempre inalcanzables, que incrementan la depresión y la desesperanza colectiva”.


“El capitalismo le reserva a la humanidad un futuro horroroso. Marx supo entender esta dinámica”, afirmó Camarero. “Hay un largo debate sobre la situación y las perspectivas de la clase trabajadora, que Marx consideraba el sujeto social sepulturero del capitalismo. Es cierto que la robotización ha destruido puestos de trabajo y la inteligencia artificial introdujo nuevas pautas y desafíos. El trabajo ha mutado alguna de sus formas, y la clase también”, agregó.


A pesar de eso, el historiador considera que la Ley del Valor enunciada por Marx, según la cual el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla, sigue siendo “la única forma de explicar los procesos actuales de concentración del capital y de generalización de relaciones sociales capitalistas en todo el orbe”.


Para reforzar esta idea, Camarero destacó el hecho de que, a pesar del avance de la computación y digitalización de los procesos productivos, “la masa de trabajadores se ha generalizado a nivel mundial. Hoy hay más trabajadores asalariados que nunca antes”.


“El capitalismo solo trae tendencias regresivas y bárbaras como las guerras, la destrucción del medio ambiente, convertir todo en mercancía. Marx trazó la explicación más genial sobre la naturaleza y la lógica objetiva del orden del Capital, y los modos de superarlo. Por eso sigue siendo enormemente vigente”, concluyó el historiador argentino.