Una mirada impertinente a esa cultura de las marchas institucionalizadas


 

Armando Romero

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En diferentes ciudades de Chile, masivas marchas ciudadanas No más AFP […] en Santiago en un ambiente festivo las calles se llenaron de familias, de organizaciones, de candidatos mostrando sus mejores caras.  Una participación transversal que fue ampliamente cubierto por los medios de prensa nacional.

 

En 350 mil personas cifró el movimiento “No + AFP” el número de asistentes en Santiago a la segunda marcha convocada para cambiar el sistema actual de pensiones de Chile.

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La movilización -que se replicó en 250 comunas del país- reunió a más de 1,3 millones de personas a nivel nacional, según expresaron los convocantes. Luis Mesina manifestó que “esperamos que la Presidenta y el gobierno nos escuche y se abra al diálogo con los ciudadanos y no con los dueños de la AFP”. Además, convocó a un paro nacional para el próximo 4 de noviembre. 

En el contexto latinoamericano, de los  amplios movimientos sociales especialmente durante la última década (ejemplos claros como la crisis del 2001 Argentina; la guerra del gas y del agua en Bolivia; las crisis políticas en Ecuador; todas con grandes movilizaciones, y las llegadas de gobiernos de izquierda en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela, Perú, y en algunos casos el desarrollo de asambleas constituyentes). En este escenario Chile ha parecido estar ausente,  o más bien adormecido en su conciencia colectiva de lucha social.

Lo bolivianos derramaron sangre para no quedarse sin agua. Era el año 2000 y los ciudadanos de Cochabamba se pusieron en pie de guerra contra la privatización de sus escasos recursos hídricos  La “guerra del agua en Bolivia”  estalló en abril del 2000 […] fue un estallido social que puso de rodilla al gobierno y el modelo económico de ventas de los recursos naturales.

En Chile sé está lejos se ese estado de conciencia ciudadana […]el movimiento social por la educación del 2011 como un eslabón dentro de varios otros hitos que han ido transformando la sociedad chilena estos últimos tiempos, desde la dictadura hasta hoy, , en los que se incluye las movilizaciones de pobladores y ambientalistas, así como la lucha del pueblo mapuche y de las minorías sexuales, entre otras. En todas estas movilizaciones la cobertura de los medios ha sido acotada en su información.

 

Es importante contextualizarlo también cómo un movimiento social que ataca las raíces del supuestamente exitoso “modelo chileno”, instalado a sangre y fuego durante la dictadura de Pinochet por los Chicago Boys -seguidores de Milton Fridman- convirtiendo a Chile en el primer laboratorio neoliberal del mundo a través de la doctrina del shock económico como afirma Naomi Klein. Este modelo luego de la vuelta a la democracia no tuvo grandes cambios, sino que fue administrado por la concertación de partidos por la democracia, coalición de centro izquierda que en algunos aspectos profundizó el modelo económico heredado de la dictadura. Hoy con la Nueva Mayoría se institucionalizado su administración, donde destaca la colusión programática del partido comunista chileno.

En el gobierno de derechas de Piñera el año 2010, el escenario parecía propicio para la llegada de las protestas sociales, pero el terremoto del 27 de febrero, días antes de que asumiera el nuevo gobierno, le dio cierta “calma” al clima social. Luego el rescate-espectáculo de los 33 mineros sirvió de nuevo como una gran “aspirina” colectiva frente a la situación de descontento generalizado en la ciudadanía, que se viene silenciosamente arrastrando y acumulando hace tiempo, a causa de ver y escuchar sobre el supuesto éxito económico del país, pero al mismo tiempo constatar en la cotidianidad de la mayoría la desigualdad y las injusticias que van creciendo. En todo este manejo comunicacional, los medios de comunicación han jugado un rol fundamental  para adormecer el descontento popular.

 

Al hacer el  ejercicio de recuento de las movilizaciones desde la llegada de Piñera, encontramos el primer hito: el 24 de agosto del 2010 se aprobó la termoeléctrica Barrancones en el santuario de la naturaleza de Punta de Choros, provocando una masiva manifestación espontánea que movilizó en su mayoría a ecologistas, estudiantes y profesionales jóvenes, ocupando el centro de Santiago, logrando finalmente hacer recular el proyecto con la intervención directa del presidente, sembrando un precedente importante y simbólico para la movilización social. En el gobierno anterior de Bachelet las movilizaciones y protestas ciudadanas habían tenido en mismo destino y control mediático.

 

De octubre a diciembre 2010 le siguieron varias manifestaciones de pobladores (habitantes) que comienzan a organizarse y converger en la Federación Nacional de Pobladores, y que actualmente se han sumado y vinculado con el movimiento estudiantil, entendiendo que no deben luchar solamente por el derecho a la vivienda o el derecho a a la ciudad, sino que sus luchas están íntimamente relacionadas con el derecho a la educación, a la salud y al trabajo, de los cuales también están excluidos como habitantes pobres de las ciudades. Al final esos avances de organización, terminaron por derivar en la mayoría de los casos en proyecto políticos electorales.

Hoy asistimos a un escenario donde las movilizaciones, pareciesen haberse institucionalizados, un espacio propicio para mostrarse los candidatos y la clase política que se proclama progresista y contra el modelo.

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