Isidora Aguirre nos abre las puertas de su memoria


Isidora Aguirre nos abre las puertas de su memoria, y “da por vivido todo lo soñado y por soñado todo lo vivido”…Un proyecto investigador del archivo de la autora de “La pérgola de las flores”, liderado por la escritora Andrea Jeftanovic, descubrió los textos que escribió entre 1967 y 1973.

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Seis obras inéditas de teatro políticos de la dramaturga Isidora Aguirre (1919-2011) fueron algunos de los hallazgos que realizó en el archivo personal de la autora un equipo de investigadores liderados por la escritora Andrea Jeftanovic, que presentan hoy los resultados de su investigación en la Universidad de Santiago.

“Lo que ella hacía era ir a una comunidad, escuchar sus problemas y ficcionalizaba”, explica Jeftanovic. “Era un teatro testimonial documental, con mucho humor”, que Aguirre montaba con actores aficionados de los mismos lugares, acompañada ayudada por los directores Cano y David Baytelman. Lo hacían “en un patio, en la cancha de fútbol del pueblo. No en teatros, en la calle. En la plaza”, afirma Jeftanovic.

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Los textos fueron escritos entre 1967 y 1973 y en su momento fueron montados en distintos lugares del país como Illapel, Ovalle, Lonquimay y Santiago, especialmente como parte del trabajo cultural que realizó la autora de “La pérgola de las flores” durante la Unidad Popular, durante la campaña de Salvador Allende y su gobierno, como artista y militante del Partido Comunista.

Varios de los trabajos fueron parte de la política de la Universidad Técnica del Estado (UTE), donde trabajó Aguirre hasta su exoneración tras el golpe militar de 1973, de hacer teatro en regiones, y de lo que la autora llamaba el Taller TEPA (Teatro Experimental Popular Aficionado), que nació durante la campaña de Allende en 1970.

“Lo que más nos estimuló fue constatar que un poblador que está sobre un escenario porque le atrae el teatro, sufre una transformación positiva: aumenta su autoestima, sube en la escala social, se siente responsable del mensaje que tiene que transmitir, lo que lo obliga a compenetrarse de su realidad y entenderla mejor: pasa, de esta manera de una actitud pasiva o derrotista a un rol activo para enfrentar los problemas que los aquejan”, escribió Aguirre en otro texto inédito. “Quién trabaje en ese medio con el teatro, se dará cuenta que aunque tenga mucho que entregar, tiene, asimismo, muchísimo que aprender”.

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37.000 páginas

El origen de la investigación del archivo de Aguirre está en un libro de entrevistas con la dramaturga que Jeftanovic publicó en 2009, “Conversaciones con Isidora Aguirre” (Editorial Frontera Sur). Tras la muerte de la autora, la escritora ganó un Fondart para trabajar con el legado de la artista.

Por dieciocho meses un equipo multidisciplinario conformado además por Fabiola Neira, Marcelo Gómez, Juan Carlos Vega, todos técnicos en bibliotecología y archivistas, y por Pía Gutiérrez, doctorada en Letras, trabajó en el rescate de obras y documentos. Además Nicolás Superbi fue registrando audiovisualmente las distintas etapas del proceso.

En esta primera etapa de construcción se han organizado cerca de 3.219 documentos correspondientes a 37.099 páginas, distribuidos en 79 cajas de documentos de diversa naturaleza: manuscritos, material de investigación, diarios de trabajo, afiches, diarios de vida, recortes de prensa, programa de mano, dibujos y fotografías; entre otros. Gran parte del material será digitalizado y subido a la web.

Este miércoles, a partir de las 10:00 horas, en el Espacio Isidora Aguirre de la Universidad de Santiago, ubicado en Las Sophoras 175 (Metro Estación Central), se realizará un seminario y el lanzamiento del libro “Nuevas Lecturas del Archivo Isidora Aguirre”, que relata la investigación. En esta misma oportunidad, se presentará el Archivo de Isidora Aguirre a través de una exposición de sus documentos realizada por el Archivo Patrimonial de la U. de Santiago.

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Obras incompletas

Sin duda, uno de los descubrimientos centrales fueron las obras de teatro político inéditas. Las obras “Los cabezones de la Feria”, “El apuntamiento”, “El papelero Francisco” y “Los macabeos” fueron halladas completas. En cambio, de “Quién tuvo la culpa de la muerte de La María González” y la “Historia de las juventudes comunistas”, sólo se encontraron fragmentos, algo que también ocurrió con la novela inédita “Palmira y Lorenzo”.

Algunas fotografías además permitieron determinar cuándo y dónde se montaron: “Los cabezones de la Feria”, por ejemplo, se mostró en 1971 en el Norte Chico con ayuda del director Jorge Cano.

Pero la dramaturga no sólo montó las obras. En su archivo también se hallaron los textos que cuentan el origen del TEPA y sus objetivos.

“Queríamos, además, mostrar que el teatro puede convertirse en tribuna, en un medio de educar, de informar, criticar, y sobre todo, de estimular o difundir ideas sin que la escenificación (o las ideas expresadas) pierdan el atractivo”, escribió la propia Aguirre en un documento que data de 1978.

“Nos dimos cuenta que la tradición que existe en la narrativa, poesía, folklore, artesanía y plástica popular, podía incorporarse a este nuevo medio de expresión. Esto es posible gracias a que hay un enorme interés por ver y hacer teatro en la clase obrera y campesina -lo mismo, entre los mapuches-“, afirma.

El origen del TEPA

En cuanto al origen del TEPA, Aguirre señala que surgió con un objetivo preciso: integrar el teatro a la campaña de Allende.

“Por intermedio de Miguel Labarca, a cargo de los actos políticos, Allende me solicitó que llevara una obra de teatro a los actos políticos de su candidatura a realizarse en las poblaciones que rodean Santiago”.

La obra que pedía el candidato era “Los que van quedando en el camino” -sobre un alzamiento campesino- que se estaba presentando en aquel momento la sala Antonio Varas del Teatro de la Universidad de Chile en la sala Antonio Varas.

Como ello no era posible por cuestiones logísticas, Aguirre realizó una contrapropuesta: escribir libretos breves, alusivos a la campaña, que podían montarse sin costo con un pequeño grupo de actores aficionados.

“Se instalaría, en espacios abiertos de las poblaciones, un ‘escenario’ que consistía en las plataformas unidas de dos camiones, y un carrito para la electricidad (manejado por el personal a cargo del acto), el que, además de la luz -una simple corrida de ampolletas-, proporcionaba el audio: en el centro delantero del improvisado escenario había un micrófono para los actores y oradores, que proyectaba el sonido con amplificadores para público masivo”.

“Estos actos de propaganda tendrían lugar cada sábado y domingo, durante los tres meses anteriores a las elecciones de septiembre. Antes que participara el orador, se programaban espectáculos para atraer a los pobladores: se empezaba con teatro infantil, algo de folklore y a eso de las 7 de la tarde, nuestra participación. Eventualmente, un documental de cine, para terminar con los oradores. Allende pensaba ser uno de los oradores pero sus múltiples compromisos se lo impidieron”.

Aguirre afirma que para ella y su equipo era un gran incentivo contribuir con  el teatro a la campaña, contando con lo más esencial: un público popular que se congregaba para el acto político.

“El teatro sería sólo uno de los tantos aportes culturales a la campaña presidencial, a la que se integraron con entusiasmo cantantes y conjuntos folklóricos, ballet popular y, por supuesto, la plástica con los rayados y dibujos de los muchachos de la Brigada Ramona Parra”.

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