Tom Heckel


 
Tom Heckel, al que la gente del Cajón del Maipo conoce como un "canalizador" extraordinario, es una persona ya conocida en otros rincones del mundo a causa de sus capacidades. No nos detenemos mayormente en esta presentación, pues llegaremos a conocerlo leyendo las respuestas a las preguntas planteadas por Juan Pablo Yáñez Barrios, director de Dedal de Oro, poco antes de que Tom partiera a España a dictar algunas conferencias y estudiar la posibilidad de publicar en Chile su libro "Baba Om, una odisea mística" (Editorial "La Llave d.h.", España, 2004). A las personas poseedoras de la suficiente riqueza interior como para captar que la vida es más de lo que nuestros cinco sentidos normalmente nos permiten percibir, las palabras de Tom, en esta entrevista-conversación, de seguro les servirán para entender un poquito más este extraño hecho de existir, sentir y pensar.

Por : Juan Pablo Yáñez Barrios.

-Tom, háblanos sobre tu actividad, cómo la descubriste y la desarrollaste.

-Básicamente defino mi trabajo como consejero psíquico. Tengo cierta capacidad de ver la vida de otros desde una perspectiva más trascendental, como vista desde arriba. Utilizando esto, voy orientando física, psicológica y espiritualmente a personas en sus vidas, en todo tipo de conflictos. Este don llegó a mí a los 21 años, a través de una experiencia mística. Al principio se produjo un lapsus -cómo decirlo- mucha locura, y después de vivir años así, pensé en explorar qué potencial podría esconderse en ese estado. Se trataba, básicamente, de experiencias interdimensionales. No sólo existimos materialmente en este momento aquí en la Tierra, sino que nuestra alma existe en otras dimensiones. Tuve que explorar durante años mi estado de locura antes de tener una idea de lo que podría ser útil para otros. Los primeros dos años estuve dedicado a mi vida, explorando quién soy, qué me pasó en vidas anteriores, qué me estaba pasando en el presente… Más tarde traté de rescatar cierta orientación para el ser humano en general. Hoy ya tengo cuarenta años de experiencia en esto.

-¿En qué consistió tu experiencia mística?

-Desde joven yo tenía un problema con esto que se llama cleptomanía. Me gustaba robar cosas, lo que con los años se convirtió en un problema social y ético. Un día partí a la India, no buscando cosas espirituales, sino arrancando de la guerra de Vietnam, de Estados Unidos… Yo nací en Estados Unidos, pero tengo pasaporte canadiense… Una vez, en India, con este hábito de tomar lo que no era mío, estaba robando un paquete de incienso, y de pronto escuché una voz. Era un pensamiento gritando dentro de mí, un grito que explotó en mi cabeza liberando algo muy negro para dejar entrar una como luz dorada. Entonces vi que yo estaba transformado, que estaba en contacto con una multidimensionalidad inmensa. Pero también lo sentí como locura. Por suerte en India los locos andan en la calle… Viví cuatro años así, acercándome a una búsqueda muy mística. Después volví a Canadá, y fue entonces cuando pensé en poder utilizar mi estado en beneficio de otras personas.

-¿Ese grito dentro de ti fue espontáneo?

-Sí, aunque desde hacía semanas yo estaba pensando en que tenía que terminar con el hábito de robar. También había varias influencias por estar en India, que es un país místico, aunque yo no creía en nada.

 
 

 
 

 
 

 

-¿Eso que llamas locura consistía sólo en un estado de ánimo, o físicamente también hacías locuras? 

-Un ejemplo. Me senté una mañana a meditar y vi imágenes de lo que iba a pasar durante el día. Después salí a caminar y sucedieron cosas que yo ya sabía. Mi reacción era reírme, lo encontraba ridículo, no lo podía creer. También podía escuchar la mente de otras personas, por ejemplo lo que alguien estaba pensando de otro, y mi reacción también era de risa. Era muy difícil expresar mi realidad en palabras, y por eso mi reacción más que nada era reír, lo que era como estar loco. La parte más intensa de toda esta experiencia duró tres años. Para “reenchufar” en el mundo necesité otros tres años, ya en Canadá, donde trabajé como carpintero. Más tarde comencé a trabajar los fines de semana con mi don. Llegó un momento en que tanta gente quería consultarme, que dije “OK, voy a dedicarle un año a esto”. Si ayudo y no muero de hambre, sigo con esto, y después tuve más y más gente esperando y nunca volví a ser carpintero. Estoy muy interesado en ayudar a personas aquí en el planeta, simplemente ayudar, no buscar el significado de la existencia.

-¿Cómo efectúas tu sesiones con un… llamémosle paciente? ¿Entras en trance?

-Al principio tengo una entrevista de unos minutos para saber por qué la persona vino a verme, y después… Yo inventé una manera de entrar y salir de ese mundo multidimensional usando oración y respiración, y cuando eso sucede aparece dentro de mí una especie de video que, poco a poco, empieza a tomar forma. Entonces la cosa es más o menos ordenada y veo imágenes y oigo voces. Por ejemplo, puede ser que una persona tiene una enfermedad incurable según los médicos, y yo puedo entrar en su cuerpo y ver qué está pasando allí. A veces las imágenes no tienen sentido para mí, pero sí lo tienen para el paciente. Mi deber es dar a conocer la imagen, para eso me la confían.

-¿Le cuentas siempre al paciente todo lo que ves?

-A veces veo cosas que no puedo decir, y a veces tengo que decir “mire, usted se va a morir”. Una vez tuve que decirle a una señora que su hijo iba a morir en dos años más, y en dos años murió. Algo me dice si tengo que dar una información o no, si la persona está preparada para entender.

-Debes saber muchos secretos, muchas intimidades de mucha gente.

-Sí, pero no hablo. Cuando llegué a este mundo con acceso a la información total, sentí que una cierta impecabilidad iba junto con esto. Si tú no tienes la capacidad de no dañar a la otra persona, entonces no tienes información. Nunca voy a hablar con nadie, ni con mi señora. Tengo un cierto contrato con la energía de arriba, y el contrato dice “usted no puede abusar de la información que recibe”.

-Tom, tu “despertar” sucedió en India, comenzaste a usar tu don en Canadá, y ahora estás en Chile desde hace años. ¿Por qué Chile?

-Mira, estoy casado con una chilena. Nos conocimos en Canadá, después vine a visitarla a Chile, después volvimos a Canadá, nos casamos aquí en Chile con la esperanza de que íbamos a vivir en Canadá… Pero resulta que ella no puede vivir en el frío de allá, y entonces decidimos estar acá. Yo no quise vivir en la lluvia del sur, entonces lo intentamos en el Cajón del Maipo. Tenemos una casa maravillosa en San Alfonso.

-Dijiste “la esperanza” de vivir en Canadá. ¿Eres feliz en Chile?

-Sí, especialmente en el Cajón del Maipo, por el clima maravilloso y su gente.

-¿Crees que el Cajón tiene alguna energía especial?

-Obviamente hay una energía potente aquí en las montañas, pero además, fíjate que aunque tenemos una ciudad con seis millones de personas al lado, esta región no crece, es básicamente como era hace veinte años, cuando llegué. Cuesta un poquito vivir aquí, sólo viene gente que busca paz, contacto con la naturaleza, lo que también es especial. Si la gente cree verdaderamente en la paz, la encuentra.

-¿Significa eso, de algún modo, que la mente lo consigue todo?

-Mira, Juan Pablo, yo creo que la realidad está basada en nuestras creencias. Si tú crees que hay una energía especial arriba de la montaña y subes a buscarla, la encontrarás. La fuerza personal por llegar allá juega un rol determinante. Otra persona que sube la misma montaña tal vez no sentirá nada. Las creencias, de cierta manera, dan forma y sabor a la llamada realidad.

-O sea, la mente humana conforma, de alguna manera, la realidad… ¿O existe para ti una realidad objetiva separada?

-Yo creo que no existe una realidad objetiva. Nosotros estamos creando esto con nuestra mente, nuestras creencias y actitudes. En mi trabajo he encontrado esta verdad, de que las creencias van creando la realidad, y también la identidad. El tema tristeza, por ejemplo: una persona cree que la vida es una lucha y tiene por eso mucha tristeza, y, claro, se despierta triste por la mañana, y su realidad, entonces, se hace triste. Los vecinos de esta persona pueden decir que la vida, en vez de una triste lucha, es un baile alegre, y vivirán otra realidad.

-¿Lo cual significaría que toda enfermedad depende de la mente?

-El tema de las enfermedades es complicado. La enfermedad también es multidimencional, como la realidad. La persona tiene una cierta responsabilidad en su enfermedad. Por ejemplo, descubrí que el cáncer consiste en un deseo de morir producido por diferentes factores. Quizás una persona vive infeliz, y así, lentamente, empieza a condicionar su mente. “Quiero morir, quiero morir”, y luego aparece el cáncer. La persona no se da cuenta de que por años lo ha buscado, y se pregunta ¿de dónde viene este cáncer? Las enfermedades son complejas, siempre hay un componente físico, mental y espiritual. Para ayudar a sanar hay que estudiar las posibilidades de cambiar las creencias del enfermo, y eso depende de la persona misma.

-Tú hablas de dimensiones múltiples, del alma presente en esta dimensión y simultáneamente en otras. En el momento de la muerte, ¿cómo cambia todo esto?

-Hay muestras concretas, científicas, de que hay vida después de la muerte. Se pueden leer libros al respecto. Entonces, la pregunta es quién o qué muere. Obviamente, el cuerpo físico sí muere, tenemos cementerios llenos de cuerpos antiguos… ¿Pero mueren las emociones, la memoria? Ese es el punto. Hay señales de que las emociones van transformándose en otro tipo de energía, de que la memoria continúa viva fuera del cuerpo…

-La memoria y también la capacidad de razonar…

-Creo que la racionalidad es la capacidad mental utilizada para interactuar con el mundo material. Ésta no tiene uso fuera del mundo físico, pero sí la intuición, que comienza a crecer después de la muerte, sin influencia de la racionalidad.

-¿Qué dices de la reencarnación? ¿Tu identidad se reencarna nuevamente?

-Hay una continuidad de identidad, pero no envasada en el cuerpo anterior. Enfocado por el lado físico, la identidad muere, pero hay cierta parte que continúa, que es la experiencia de emociones, memorias, contactos con dimensiones superiores. Un buen ejemplo es un lama tibetano. Ellos son famosos por tener un cierto control de su muerte y poder reencarnar otra vez y reconocer sus vidas anteriores. Su enfoque principal, cuando estaban vivos, no era físico, sino espiritual, y eso les facilita reconocer otras vidas.

-Hay quienes dicen recordar sus vidas físicas anteriores…

-Cada vez más y más. Mi trabajo consiste en alumbrar eventos de vidas anteriores que tengan que ver con situaciones de la vida actual. Una persona tiene un problema, y conocer algunos patrones de vidas anteriores ayudará a buscar soluciones. Pero, Juan Pablo, por ejemplo, hace quinientos años el paradigma central era que este planeta era plano, hasta que se descubrió que era redondo. Creo que pasa lo mismo con el conocimiento de vidas anteriores. Hoy creemos tales y tales cosas, pero quizás en cien años vamos a tener más conocimiento de lo que es una vida anterior, y entonces va a cambiar la manera de mirar. Yo sé que hay un “banco de memorias”, y que al reencarnar se selecciona de este banco aquello que va a ayudarnos en nuestro viaje por el planeta.

-Dijiste “viaje por el planeta”. ¿No crees que hay muchísimos viajes, muchísimas reencarnaciones, con el fin de que esa energía llamada persona, o su alma, tenga experiencias que le sirvan en el objetivo principal, que sería evolucionar?

-Difícil pregunta, no sé si hay una respuesta absoluta. Una razón para seguir reencarnándose es quizás ir tomando conciencia de la multidimensionalidad del alma. Pero para contestar en la forma más breve y clara, yo diría que es responsabilidad de cada uno dar un sentido al porqué está aquí.

-¿Piensas que una persona es una entidad completa en sí misma? ¿O más bien es una energía que pertenece a una entidad superior, o inteligencia superior?

-Es buena la pregunta. En esta dimensión material estamos separados y somos diferentes, pero en una dimensión superior las almas están conectadas y se forma un solo ser. En esa dimensión se pasa de la individualidad a la unidad, a un solo ser, a una sola forma de energía. Ese es el sentido de la evolución, volver a la unión, no estar separados. Todo depende de la propia percepción, de la capacidad para conectarse con la unidad a través de miles de años.

-Miles de años… ¿El tiempo tiene algún sentido si no tenemos cuerpo, si no existiera la materia? ¿Tiene sentido para un alma que no está encarnada?

-El tiempo es sólo una manera de calificar, de medir las experiencias en esta dimensión de movimiento y cambios constantes. En una dimensión superior, el tiempo como pasado, presente y futuro, no existe. Todo existe en una unidad.

-¿Puedes relatar algún caso de alguna persona que te haya consultado?

-Años atrás llegó una mujer que tenía problemas emocionales en su matrimonio. Dentro de la sesión vi una imagen de ella en otra vida, en que estaba teniendo sexo con un muchachito. Entonces entran dos hombres mayores que tenían alguna conexión con el muchacho y tiran una tetera de agua caliente encima de la mujer, especialmente en los genitales, para castigarla por lo que hacía. Cuando yo le comuniqué esta imagen, ella gritó muy fuerte, muy atormentada. Unos días después su marido me dijo: “¿Sabes?, sanaste a mi mujer totalmente. Nuestro problema era no poder tener sexo, porque al intentarlo ella sentía un ardor y no podía seguir.” Algo pasó al recordar, y esta mujer sanó. Obviamente su ser superior quiso mostrarle esta imagen. Esto es parte de esa memoria de vidas anteriores. Hay una conexión a nivel de memorias y emociones.

-¿Entonces una persona se reencarnaría para solucionar problemas anteriores, que es una forma de evolucionar?

-Es más complicado, más diverso. Ciertas personas pueden decir que van a solucionar dramas de vidas anteriores, pero otros no vienen a eso, sino a ayudar a la humanidad. Es otro tipo de almas, otro tipo de evolución, tienen la compasión como su expresión principal y están para servir a los demás.

-Pero eso también es una forma de evolución… Lo veo quizás como una pirámide, por la cual un alma va subiendo a través de sus experiencias.

-No. Para mí es como una unidad que se expande concentricamente, como una espiral. Al llegar a la totalidad se pierde la identidad individual, entonces no hay más evolución. Se acaba la individualidad, pero tengo la sensación de que en ese estado uno también sería libre de excursionar voluntariamente a cualquier posición dentro de la espiral, tomando la identidad que quiera…

-¿Sería como fundirse en algo misterioso, que se llama Dios?

-Dios, conciencia universal, unidad total…, muchos nombres. La vida es esencialmente un misterio, y nosotros pretendemos entenderlo con lo racional. Queremos entender qué es reencarnación, qué es Dios… La manera de entrar en este misterio es dejar de estar encarnado, estar en el más allá. Siempre estamos tratando de desmitificar todo, de entenderlo, pero es mejor aceptarlo, fluir…

-El científico occidental, siempre busca el porqué de las cosas, las descuartiza para entenderlas, y el oriental -lo que hay en el Tao Te King, I Ching, budismo- busca el cómo, acepta las cosas cómo son, sin descuartizarlas…

-Yo fui proyectado a una dimensión mística y traté de entenderla, desmitificarla, pero finalmente entendí que la realidad no tiene forma, sino movimiento. ¡Ojalá se pudiera aceptar que no hay forma, que sólo hay interrelación, que estamos interactuando constantemente con el misterio, quizás con Dios! Los paradigmas científicos que tenemos en este momento intentan entender todo. Están tratando de desarmar este reloj, pero la mente racional no puede entender el misterio. Tenemos que buscar otra forma de entender. En mi trabajo, después de 40 años, no sé de dónde viene la información y no tengo interés en saberlo. Mi interés es sólo ayudar. Si ayudo, bien, si no, no vale la pena. Es lo único que importa.

-Tom, ¿te sientes de alguna manera un privilegiado?

-Al final, con este tremendo don que tengo, estoy en las mismas que todos, tratando de ser feliz, tratando de vivir mi vida, igual que todos. Y lo prefiero así, prefiero vivir normalmente. Mi capacidad es algo que llegó espontáneamente, pero no es una entrada libre, sin problemas, en la vida. Tengo esta capacidad, pero cuando estoy usándola es otra parte de mi ser la que está allí. Es un servicio. Yo tengo que seguir buscando mi felicidad, como todos.

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